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jueves, 18 de octubre de 2012

Benito Mussolini y la Segunda Guerra Mundial



Mussolini adoptó una política exterior agresiva; contravino las recomendaciones de la Sociedad de Naciones e inició la conquista de Etiopía (Abisinia, 1935-1936), ganándose así la aclamación de casi todos los sectores de la sociedad italiana. No obstante, la popularidad del Duce disminuyó cuando adoptó las siguientes medidas: el envío de tropas para apoyar al general Francisco Franco durante la Guerra Civil española (1936-1939), la alianza con la Alemania gobernada por el nacionalsocialismo (partido nazi) mediante la formación del Eje Roma-Berlín (1936), que culminó con el denominado Pacto de Acero entre ambos estados (1939), la promulgación de leyes contra los judíos y la invasión de Albania (1939).
Mussolini ejerció una notable influencia sobre los políticos españoles más conservadores. En 1923, al llegar al poder tras un golpe de Estado, el dictador Miguel Primo de Rivera trató de imitar a Mussolini e implantó soluciones e instituciones de carácter fascista hasta su caída en 1930. Posteriormente, partidos políticos de derecha, una vez implantada la II República española, enviaron emisarios a Mussolini para buscar su apoyo en los planes que estaban preparando para levantarse contra el régimen republicano. El levantamiento más tarde liderado por el general Francisco Franco se inició el 18 de julio de 1936 y Mussolini apoyó decisivamente a los rebeldes, enviando a España a una división completa del Ejército italiano.
Participación en la Segunda Guerra Mundial
Mussolini, cuyo Ejército no estaba preparado, no participó en la Segunda Guerra Mundial hasta que los alemanes invadieron Francia en junio de 1940. Italia luchó contra los británicos en África, invadió Grecia y se unió a los alemanes en el reparto de Yugoslavia, la invasión de la Unión Soviética y la declaración de guerra a Estados Unidos.
Tras las múltiples derrotas que sufrieron los italianos en dichas operaciones bélicas el Gran Consejo Fascista destituyó a Mussolini el 25 de julio de 1943, le detuvo al día siguiente y firmó en el mes de setiembre un armisticio con los aliados, que habían invadido el sur de Italia.
Sin embargo, los alemanes rescataron en setiembre de ese mismo año a Mussolini, que proclamó la República Social Italiana, efímero régimen radicado en Salò (en la orilla occidental del lago de Garda, situado en el norte de Italia) y que sólo subsistió por la protección alemana. El líder italiano intentó huir a Suiza con su amante, Clara Petacci, durante los últimos días de la guerra, pero ambos fueron capturados por miembros de la Resistencia italiana, quienes les fusilaron en Giulino di Mezzegra (en las proximidades del lago de Como) el 28 de abril de 1945, siendo sus cuerpos expuestos públicamente en las calles de Milán.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La Segunda Guerra Mundial



Introducción
A fines de la década de 1930, el fantasma de la guerra no sólo no se había esfumado, sino por el contrario, parecía resurgir con mayor fuerza.
El panorama mundial se encontraba suficientemente complicado.
La Segunda Guerra Mundial -el conflicto militar que comenzó en 1939 como un enfrentamiento bélico europeo de Alemania contra Polonia y la declaración de guerra por parte de Francia e Inglaterra, y se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta- constituyó el mayor conflicto de la historia en cuanto a los recursos humanos y materiales empleados.
En total, tomaron parte en esta contienda 61 países con una población de 1.700 millones de personas, esto es, tres cuartas partes de la población mundial, de las cuales perecieron entre 35 y 45 millones de personas.
El horror nuevamente se instalaba en la vida de hombres y mujeres del planeta. Después de ella, el mundo ya no sería el mismo.
El ser humano nuevamente daba pruebas de su capacidad para lograr su propio exterminio.
La situación después de la Primera Guerra Mundial
Las causas de la guerra
El resultado de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para tres de las grandes potencias implicadas.
Alemania, la gran derrotada, albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles.
Italia, una de las vencedoras, no recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones.
Japón, que se encontraba también en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores posesiones en Asia oriental.
Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto iniciado en 1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el periodo de entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países desconfiaban de su capacidad para mantener la paz.
Estados Unidos, interesado en su fortalecimiento, inició una política aislacionista.
El fracaso de los esfuerzos de paz
Durante la década de 1920 se llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz duradera. En primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros eran libres de cumplir según su criterio.
En la Conferencia de Washington (1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1925, garantizaban las fronteras franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia. Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog, por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios bélicos.
El ascenso del fascismo
Uno de los objetivos de los vencedores de la Primera Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar seguro para la democracia en oposición al nuevo régimen establecido en la Unión Soviética; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera dictadura fascista.
La formación del Eje
Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento fascista. Prometió cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum (en alemán, ‘espacio vital’) para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por pertenecer a una raza superior.
La Gran Depresión que se produjo a comienzos de la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y se erigió en dictador tras una serie de maniobras políticas.
Japón no adoptó un régimen fascista de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los principales puertos de China.
Hitler, tras denunciar las cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1936-1939), en la que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un breve conflicto armado.
Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1941 (cuando Bulgaria se incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje Roma-Berlín-Tokio.
La agresión alemana en Europa
Hitler inició su propia campaña expansionista con la Anschluss (en alemán, ‘anexión’ o ‘unión’) de Austria en marzo de 1938, para la cual no hubo de hacer frente a ningún impedimento: Italia lo apoyó, y los británicos y franceses, aceptaron que Hitler alegara que la situación de Austria concernía a la política interior alemana. Estados Unidos había limitado drásticamente su capacidad para actuar contra este tipo de agresiones después de haber aprobado una ley de neutralidad que prohibía el envío de ayuda material a cualquiera de las partes implicadas en un conflicto internacional.
En setiembre de 1938, Hitler amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera occidental de Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos de lengua alemana. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el Pacto de Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que Hitler se comprometiera a no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en convertirse en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de Checoslovaquia en marzo de 1939.
El gobierno británico, alarmado por esta nueva agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar a este país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia. Francia también estableció un tratado de defensa mutua con Polonia.
La otra vertiente de la política de apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la crisis de 1938, pero su proposición no fue tenida en consideración por ninguna de las partes del Pacto de Munich. Gran Bretaña y Francia no establecían ningún compromiso para con el gobierno soviético en caso de un avance alemán hacia la zona oriental.
Ahora que existía la amenaza de una guerra, ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética. El Pacto Germano-soviético acordaba un pacto de no-agresión; existía, no obstante, un protocolo secreto en el que se concedía a Stalin libertad de acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.

viernes, 12 de octubre de 2012

1936. La guerra civil española



La Segunda República española fruto del concenso, no logró resolver los distintos problemas que enfrentaban a los distintos sectores de la sociedad. La historia se resolverá con una de las más dramáticas guerras civiles de nuestro tiempo.

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Las elecciones de 1936 que dieron la victoria al Frente Popular, no lograron superar las dificultades que arrastraba la República desde su instauración. La crispación entre sectores sociales y políticos antagónicos se hacía cada vez más violenta, y la convicción de que el gobierno era incapaz de defender el orden y la propiedad cundió entre los sectores medios y la clase alta española. Los temores de la derecha generaron un movimiento hacia la violencia, ganando terreno el monárquico Calvo Sotelo, y la Falange, organización fascista acaudillada por el hijo del dictador Primo de Rivera.

Alzamiento y guerra civil
 España. Año 1936. 13 de julio.
El ultraderechista Calvo Sotelo es muerto a tiros por oficiales de la Guardia de Asalto, como reacción contra el asesinato de un oficial suyo a mano de los falangistas. Ésta fue la mecha que disparó el alzamiento militar. A partir de allí, y durante tres dolorosos años se instaló la guerra civil española, tal vez el acontecimiento que impactó más a la opinión internacional hasta entonces.

En aquel momento, el Gral. Mola despachó las últimas órdenes para la rebelión; ésta empezaría en Marruecos a las cinco de la tarde del 17 de julio, habiendo de estallar en la península a las 24 horas siguientes.
Durante los días 18 y 19 de julio, España quedó dividida en dos partes, ya que los pronunciamientos militares estallaron en numerosas ciudades.
En general la Guardia civil apoyó el pronunciamiento y la Guardia de Asalto le hizo frente. En todas partes encontró la oposición de los trabajadores organizados.
El gobierno realizó desesperados intentos para evitar la guerra civil. El primer ministro Casares Quiroga (noche del jueves 17), como los gobernadores civiles de las grandes ciudades (18 de julio), se negaron a distribuir armas entre las organizaciones de trabajadores, lo cual contribuyó en muchos casos al éxito de los rebeldes. Tras estos acontecimientos, Casares Quiroga dimitió y Martínez Barrio fue nombrado su sustituto para llevar a cabo un último intento de evitar la incipiente guerra. Sus conversaciones con los rebeldes no consiguieron detenerla. El 19 de julio Martínez Barrio dimitió a su vez para ser reemplazado por un gobierno de resistencia bajo las órdenes de José Giral. El mismo día fueron distribuidas armas al pueblo y la guerra civil comenzó.

Desde el primer momento el territorio nacional quedó dividido en dos zonas en función del éxito que obtuvieron los militares sublevados. Prácticamente se reproducía el mapa resultante de las elecciones de febrero de 1936; salvo casos aislados, los militares triunfaron en aquellas provincias donde resultaron más votadas las candidaturas de derechas, mientras que fracasaron en aquellas donde la victoria electoral correspondió al Frente Popular.

El comienzo del 'Alzamiento' tuvo efecto el 17 de julio en Melilla. Las unidades militares de Marruecos que no controlaba el gobierno republicano se hicieron pocas horas después con Tetuán y Ceuta. El general Francisco Franco partió desde Canarias en una avioneta privada (Dragon Rapide) a Tetuán el día 18. Ese mismo día se sublevaban los mandos militares de otras divisiones peninsulares; sin embargo, el levantamiento fracasó en las principales ciudades del país. Desde el día 18 ni el gobierno ni los rebeldes controlaban la totalidad del país.

El mapa inicial dejaba en manos de los sublevados parte de Castilla la Vieja, León, Galicia, Cáceres, poblaciones de Andalucía, oeste de Aragón, Navarra, Baleares y Canarias. El gobierno conservaba: el País Vasco, Cantabria, Asturias, Castilla la Nueva, Cataluña, Levante y el resto de Andalucía. Conforme avanza la contienda, la zona republicana perdía territorio que, desde finales de marzo de 1939, pasó integro a disposición del ejército franquista.
Casi tres años llevó a los rebeldes la conquista de España, ya que la guerra no terminó hasta finales de marzo de 1939.
Los objetivos de los rebeldes eran defender los intereses del ejército, de los terratenientes y de la Iglesia. El gobierno de Azaña y Casares Quiroga contra el que se alzaron, no era sino un régimen liberal blandamente progresista, al que los anarquistas y socialistas amenazaban con revolución social. La rebelión del ejército puso en marcha la inminente rebelión social.
En los tres meses que siguieron a la rebelión, se verificó en España el más amplio, logrado y espontáneo intento de revolución "desde abajo" que se recuerda. Tuvo rasgos admirables: en muchos sitios se consiguió una difícil combinación del culto de la dignidad y libertad humanas con los intentos de lograr la igualdad económica. También tuvo rasgos terribles: la sangre derramada y la violencia.

miércoles, 3 de octubre de 2012

España. La 2ª República Española



Tras siglos de monarquía, se instaura en España la Segunda República con el apoyo de amplios sectores. La defensa de la democracia representativa, la soberanía popular, la aconfesionalidad del estado y la plena defensa de las libertades individuales y sociales constituían su principal bandera.

España después de la Primera Guerra Mundial
En 1918, España se regía, teóricamente, por una monarquía democrática. En la práctica,  ni los gobiernos ni el parlamento -Las Cortes- representaban a las principales fuerzas sociales en España. Las elecciones eran aún manipuladas por una oligarquía dominante. Los trabajadores, los campesinos y, en menor medida, el ejército, no tenían cabida alguna en el régimen. Trabajadores y campesinos tenían sus propios cauces de expresión a través del socialismo y el anarquismo; y el ejército intervenía en la política por medio de fluidas organizaciones conspiratorias de oficiales.

Grupos sociales y órganos de expresión
El Partido Socialista, fundado en 1879, se movía dentro de los mecanismos constitucionales en su lucha por el poder político; la Unión General de Trabajadores (UGT; 1888) de filiación socialista, constituía un movimiento reformista que creía en el progreso de la clase trabajadora a través de huelgas pacíficas, y considerando que el motor del cambio estaba en la educación (a principios de siglo el 63% de la población española era analfabeta) fundó las "Casas del Pueblo", centros de reunión y discusión, donde funcionaban bibliotecas circulantes. Su apoyo se encontraba principalmente en Asturias, la zona de Bilbao, de Madrid , de Valencia y de las zonas urbanas de la España occidental.
Después de la Primera Guerra Mundial, el Partido Socialista se vió ante la disyuntiva de adherir o no a la Tercera Internacional de Moscú. Por un estrecho margen rechazó las condiciones propuestas por Moscú, y ello provocó la escisión y la formación del Partido Comunista español.

Las doctrinas anarquistas alcanzaron mayor aceptación en España que en cualquier otra parte de Europa. Buscaban la libertad y, por tanto, la destrucción de todo tipo de autoridad, especialmente el Estado. Buscaban la espontaneidad, no la disciplina. Cataluña y Barcelona eran las zonas de mayor influencia  de la Confederación Nacional del Trabajo, organización de tipo descentralizada, que no contaba con funcionarios remunerados.
Existía una excesiva oferta de trabajo; el desarrollo industrial de España no era suficiente para absorber el exceso de población en las regiones con predominio agrícola.

El ejército era una institución poco común. El número de oficiales era excesivo y estaban mal remunerados. Los hijos de la clase media que nutrían el cuerpo de oficiales encontraban en el ejército seguridad, prestigio social y el sentimiento de pertenecer a un grupo elitista. Las fuerzas armadas, aunque poco apropiadas para intervenir en campañas exteriores, podían intervenir decisivamente en la política interna para restaurar el "orden" o para eliminar la corrupción, con el fin de configurar la "voluntad nacional"

La burguesía española estaba estrechamente integrada, social y económicamente, con la aristocracia terrateniente. El desarrollo industrial en los alrededores de Bilbao y barcelona había dado origen a una clase de ricos industriales que colaboraba con la oligarquía rural en el control de las instituciones financieras, mientras los grandes terratenientes invertían en la industria. Era improbable entonces, que se registrasen choques entre la alta burguesía industrial y la oligarquía terrateniente,porque en el más alto nivel formaban un único grupo de propietarios.

La pequeña burguesía integrada por profesionales, maestros, pequeños propietarios, pequeños comerciantes, constituían una clase propicia a alarmarse ante las amenazas dirigidas a su riqueza. Éstos oscilaban entre las esperanzas de reforma y renovación, y el temor a la subversión.

Otro grupo social importante lo constituía la Iglesia, institución grande, rica y poderosa que contaba con 80.000 sacerdotes, frailes y monjas. La Iglesia española, que se caracterizaba por un profundo conservadurismo, conservaba el control de la educación. En algunas zonas rurales, seguía siendo respetada por todas las clases sociales.

La dictadura de Primo de Rivera
La Primera Guerra Mundial había traído prosperidad a las regiones industriales españolas, e incluso a las zonas agrícolas. Después de la guerra decayó la demanda europea y los precios de los alimentos bajaron. Las reducciones salariales  y el desempleo  produjeron movimientos huelguistas que fueron reprimidos con violencia. La respuesta de los sindicalistas, fundamentalmente anarquistas, también fue violenta, y terminó con el aplastamiento del sindicalismo revolucionario, y la dictadura militar  del General Primo de Rivera en 1923, con la aquiescencia de los hacendados, y el apoyo del rey Alfonso XIII.

La dictadura de Primo de Rivera mostró cierta preocupación por el bienestar de los trabajadores, y contó con el apoyo de la UGT (socialista), al punto de que su secretario general, Largo Caballero fuese nombrado consejero de Estado. Para dirimir las disputas salariales se establecieron comités paritarios con igual representación de trabajadores y patronos, y un presidente nombrado por el gobierno. El emprendimiento de numerosas obras públicas, y la expansión internacional en los últimos años de la década de los '20 trajeron a España una prosperidad relativa. Pero rápidamente comenzaron a surgir voces de oposición: aspiraciones autonomistas, especialmente catalanas; las clases altas frente a las políticas sociales; los políticos de la época parlamentaria que se sentían excluídos del poder, el propio ejército, ante el ataque a la independencia llevado adelante por Primo de Rivera sobre el cuerpo de oficiales de artillería; y hasta el rey Alfonso XIII, que sintiéndose desplazado quería desligarse cuanto antes del dictador. Primo de Rivera viendo la situación, y ante la certeza de no contar con el apoyo del ejército, presentó su dimisión.
Los meses que siguieron a la caída de Primo de Rivera presenciaron los esfuerzos del rey Alfonso XIII  para conservar su trono.

En 1931, permitió se celebraran elecciones municipales confiando con que se produciría una demostración del sentimiento monárquico. Para sorpresa del monarca, las elecciones demostraron la ausencia de ese sentimiento: prácticamente todas las grandes ciudades votaron a los republicanos. Amenazaban grandes desórdenes si Alfonso XIII continuaba en el poder, y el ejército no dio ninguna señal de estar dispuesto a apoyar a la monarquía. En abril, el rey abdicó y abandonó España.
La República, que fue proclamada tras la abdicación, contaba inicialmente con el apoyo de los más importantes elementos de la sociedad española.
La historia de los años que transcurrieron entre 1931 y 1936, es la del fracaso de ese concenso.
La II República (1931 -1933)
Tras la partida del rey, el poder pasó a manos de un gobierno provisional integrado por republicanos moderados y socialistas bajo la presidencia  de Alcalá Zamora, un republicano católico. El gobierno afrontó inmediatamente los grandes problemas: el campo, la Iglesia, el ejército.
Largo Caballero -designado ministro de Trabajo- dirigió sus esfuerzos a proteger a los pequeños propietarios contra la extinción del derecho a redimir las hipotecas, autorizó a los municipios a obligar a los terratenientes a cultivar sus tierras y extendió la ley de accidentes de trabajo en la industria a los trabajadores del campo. Se prohibió el empleo de trabajadores eventuales para sustituir a los huelguistas.
El gobierno proclamó la libertad religiosa y elaboró un programa para desarrollar un sistema escolar estatal y laico, mientras anunciaba su intención de reducir el número de órdenes religiosas.
Manuel Azaña -Ministro de Guerra-  elaboró un proyecto para reformar el ejército; para esto propuso reducir el número de oficiales a la mitad. Consciente del peligro que una medida de ese tenor podía significar, trató de compensar el descontento ofreciendo retiros sorprendentemente generosos a los oficiales que estuvieran dispuestos a abandonar el ejército.
A fines de junio de 1931 tuvieron lugar las elecciones a Cortes, que se encargarían de redactar la Constitución. El resultado fue la victoria de los republicanos de izquierda y los socialistas. Las Cortes votaron una constitución democrática de corte moderno y progresivo.

La Constitución del 9 de diciembre de 1931, que definía a España como una "República de trabajadores de toda clase" en expresiva alusión a las contrapuestas percepciones de la realidad nacional, fue fruto de un laborioso consenso y uno de los escasos ejemplos del constitucionalismo español que implicaba una encendida defensa de la democracia representativa y de las libertades (soberanía popular, sufragio universal masculino y femenino, aconfesionalidad del Estado, derechos individuales y sociales).
Su parte más polémica fue el artículo 26, según el cual el Estado cesaría de contribuir a los sueldos de los sacerdotes; las órdenes religiosas podrían poseer sólo los bienes necesarios para cumplir sus funciones; todas las órdenes religiosas que pusieran en peligro al Estado serían disueltas (se referían específicamente a los jesuítas) y las órdenes religiosas tendrían que dejar de ocuparse de la enseñanza.
Todo ello acarreó al nuevo régimen la decidida hostilidad de la Iglesia, no solamente del Vaticano y de la jerarquía española, sino también de los párrocos en general.
La convicción gubernamental del reto que entrañaba elevar la España de la década de 1930 a la altura de las potencias occidentales de su entorno, inspiró una política reformista identificadora del talante dominante en este bienio. Entre las medidas reseñables cabe indicar el respeto a las autonomías regionales, otorgándole la misma a Cataluña y prometiendo a las provincias vascas un trato similar; la aplicación de una reforma agraria  que expropiaba grandes latifundios para ser redistribuidos en explotaciones individuales o colectivas; y la promulgación de leyes sociales como subsidios por enfermedad, jornada laboral de ocho horas, salario mínimo y salario vacacional.

Azaña presidió el mejor gobierno que España había tenido en los tiempos modernos. Pero tal gobierno se resintió de una grave debilidad, que acarrearía la ruina de la República: su incapacidad para impedir los desórdenes.
En 1931, los anarquistas expresaban sus sentimientos quemando iglesias y conventos; en julio y agosto de ese mismo año la CNT (tendencia anarquista) organiza violentas huelgas en Barcelona y Sevilla donde el gobierno usa a la artillería y resultan muertas 30 personas.

En agosto de 1933 en Sevilla, una parte del ejército intenta dar un golpe de estado para derrocar "la dictadura anticlerical de Azaña". El levantamiento estaba mal organizado y fue aplastado por el gobierno sin dificultad. Pero pese a que la amenaza militar seguía viva, los anarquistas no disminuyeron su hostilidad hacia el gobierno.
Estos sucesos contribuyeron a desacreditar  a la República frente a católicos y conservadores, a la par que crecía el resentimiento entre los trabajadores y campesinos. Los republicanos se debatían en un difícil equiibrio entre la violencia de derecha y la violencia de izquierda. En el verano de 1933, Azaña dimitió.

El intento restaurador (1933-1935)
Las elecciones se celebraron en noviembre y mostraron un claro giro hacia la derecha. La CEDA - Confederación Española de Derechas Autónomas- dirigida por Gil Robles obtuvo en alianza con los monárquicos un total de 150 escaños, mientras que los radicales de centro obtuvieron 100.
Los partidos republicanos de izquierda sufriendo un gran descalabro pasaron a tener 37 escaños en lugar de los 130 que tenían, mientras que los socialistas quedaron con 59, perdiendo casi la mitad de sus escaños. Los anarquistas, entre tanto, se abstuvieron de votar.

Con este panorama, el gobierno sólo podía apoyarse en los votos radicales y en los del CEDA. Bajo esta coalición tuvo lugar una rápida destrucción de las innovaciones progresistas introducidas entre 1931 y 1933.
Leyes y decretos furon revocados, suspendidos o ignorados.
Las órdenes religiosas volvieron a actuar como antes de 1931 y les fueron devueltas todas las propiedades que les habían sido incautadas.
Se suspendió la construcción de escuelas, y el Estado volvió a hacerse cargo de la retribución del clero.
Los jurados mixtos que fijaban los salarios fueron modificados para reducir los salarios.

Los anarquistas entretanto, mantuvieron su acción violenta provocando revueltas aplastadas por el gobierno. En la revuelta de Aragón fueron asesinados 67 miembros de la CNT.
La UGT, dirigida por Largo Caballero, propuso a la CNT crear un frente común de trabajadores, pero ésta última se negó, pese a lo cual participaban juntas en las mismas huelgas.
Los socialistas por su parte, resolvieron que la entrada en el gobierno de la CEDA significaría el fin de los avances conseguidos, y constituiría la señal para iniciar la revuelta.

El 4 de octubre de 1934 Lerroux (centro) formó un nuevo gobierno con miembros de la CEDA. En Barcelona, Madrid y Asturias surgieron las revueltas. Companys, dirigente de la Esquerra, un movimiento catalán de laizquierda republicana, proclamó la independencia de Cataluña en el seno de la federación española. Actuó sin el respaldo de la CNT y port anto se vio privado del apoyo de las masas; la revuelta fue aplastada por la guarnición local, y sus dirigentes fueron encarcelados.
En Madrid la revuelta fue un fracaso, en tanto en Asturias cpnstituyó una guerra social a gran escala. La unión de los sindicatos anarquista y socialista, sumada a la participación de comunistas que propugnaban por un frente común, hizo posible una acción combinada con éxito.
Los generales Franco y Godet, a quienes se les había encomendado la represión, trajeron tropas de Marruecos para luchar contra los rebeldes. Se montó una campaña a gran escala en la que apenas se hicieron prisioneros en la lucha. Tras ésta, los guardias civiles y los legionarios fusilaban a los sospechosos y aplicaban métodos de tortura indagando el paradero del armamento escondido.
Este episodio terminó con 40.000 personas encarceladas y una cifra de muertos que oscila entre 1.000 y 5.000.
El prestigio de los generales y del ejército creció sensiblemente entre los sectores dominantes.

En 1935, la violenta vida política española se vio conmocionada por un escándalo. Se descubrió que un empresario de salas de juego había sobornado a varios de los más cercanos colaboradores del primer ministro radical Lerroux. Esto hizo imposible la continuación de los radicales en el gobierno. Este hecho dejaba las puertas abiertas para el ingreso sin restricciones de la CEDA. El presidente Alcalá Zamora, ante la convicción de que la presencia de Gil Robles como primer ministro era incompatible con la supervivencia de la República, decidió disolver las Cortes y llamó a elecciones.

La victoria del Frente Popular y el proceso hacia la Guerra Civil
Las elecciones de febrero de 1936 tuvieron como protagonistas a dos coaliciones: a la derecha, el acuerdo electoral entre el CEDA, los monárquicos, los carlistas y los agrarios (partido de los terratenientes); y a la izquierda el Frente Popular, integrado por socialistas, demócratas, radicales (escindidos de Lerroux), la izquierda separatista catalana y los comunistas.
Los anarquistas y anarcosindicalistas no participaron del Frente Popular pero decideron apoyarlo debido a lo sucedido en Asturias, y a la promesa de amnistía para los numerosos militantes de la CNT que aún estaan encarcelados.
La victoria fue entonces para el Frente Popular, que obtuvo 278 escaños, contra 134 de la derecha.
El gobierno de Azaña fue democrático y liberal, pero no pudo resolver el problema de que los diferentes extremos se desbordaran.
En el suroeste de España el campesinado se apoderó de los terrenos baldíos pertenecientes a los terratenientes, mientras el gobierno reemprendía un proceso más ordenado para establecer a familias campesinas en territorios expropiados.
La convicción de que el gobierno era incapaz de defender el orden y la propiedad cundió entre la clase alta. Los temores de la derecha generaron un movimiento hacia la violencia, ganando terreno el monárquico Calvo Sotelo, y la Falange, organización fascista acaudillada por el hijo del dictador Primo de Rivera.
Azaña, previendo la amenaza militar, realizó sucesivos traslados de oficiales, que efectivamente retrasaron el levantamiento.

En una dinámica de ascendente crispación, el asesinato del dirigente de extrema derecha José Calvo Sotelo ocurrido el 13 de julio (motivado a su vez, por el asesinato de un republicano) genera una alteración en los planes estratégicos del general Emilio Mola y demás conspiradores antirrepublicanos y el adelantamiento del golpe militar al 18 de julio. Este será el inicio de la Guerra Civil, que culminó con la victoria franquista en abril de 1939, punto final de la azarosa experiencia republicana y puerta de acceso a cuatro décadas de autoritarismo y poder personal en España.

domingo, 23 de septiembre de 2012

El fascismo italiano. Benito Mussolini


El término "fascismo" fue utilizado por primera vez por Benito Mussolini en 1919 y hacía referencia al antiguo símbolo romano del poder, los fasces, unos palos atados a un eje, que representaban la unidad cívica y la autoridad de los oficiales romanos para castigar a los delincuentes.
Mussolini, el fundador del Partido Nacional Fascista italiano, inició su carrera política en las filas del Partido Socialista.
En 1912, como director del principal periódico socialista italiano, "Avanti!", se oponía tanto al capitalismo como al militarismo. En 1914, sin embargo, cambió de actitud pidiendo que Italia entrara en la Primera Guerra Mundial y se acercó a la derecha política.
Tras la contienda, la inflación estimuló una agitación activa y eficaz de las clases trabajadoras en pro de salarios más elevados en las ciudades y en el campo, y porque el exceso de población en éste último provocó una intensificación de la lucha de clases.
Durante la guerra el costo de vida había subido mucho más que los salarios y el nivel de vida de los trabajadores había caído de manera importante. En 1918 los salarios reales eran inferiores en un tercio aproximadamente a los de 1913.
Huelgas en las ciudades y en el campo, respaldadas por los socialistas, estallaron en toda Italia.
En 1919 se produjeron más de 1800 huelgas que afectaron a un millón y medio de trabajadores, y en 1920 más de 2000 en la que tomaron parte cerca de 2.000.000 de personas (estas cifras no incluyen las huelgas a nivel nacional).
La violencia presidió estos acontecimientos: entre abril de 1919 y setiembre de 1920 resultaron muertos más de 320 trabajadores frente a un número de bajas muy reducido por parte de las fuerzas del orden. En setiembre de 1920 la presión de la clase obrera organizada alcanzó su punto culminante con la "ocupación de fábricas". Este proceso se inició cuando el gremio de los obreros metalúrgicos decidió realizar una huelga activa. Cuando los empresarios respondieron intentando realizar el lock out, los sindicatos ordenaron tomar las fábricas e intentar mantenerlas en funcionamiento.
En el campo, la falta de tierras empujó a los campesinos que no la tenían a apropiarse de las tierras  pertenecientes a los grandes propietarios. Por otra parte, la superpoblación traía aparejada la falta de trabajo: habían muchos más brazos de los que se requerían.
La alarmante situación sumada a los discursos del Partido Socialista italiano hicieron pensar que la revolución roja era inminente.
Mussolini puso su movimiento al servicio de la clase media que se sentía amenazada, los empresarios conservadores y de los intereses de los propietarios de las tierras que, junto con la Iglesia Católica de Roma y el Ejército, querían detener la "oleada roja".
Mussolini, en setiembre de 1920 decía: "Soy reaccionario y revolucionario según las circunstancias"
Este viraje le aportó a Mussolini el apoyo político y financiero que necesitaba, y su considerable poder oratorio hizo el resto (al igual que Hitler en Alemania fue un demagogo dotado de una gran efectividad).
Sus Fascios Italianos de Combate, creados en 1919 y llamados "Camisas Negras" a ejemplo de los ‘Camisas Rojas’ del líder de la unificación italiana, Giuseppe Garibaldi, dieron fuerza efectiva al movimiento e implantaron la moda del estilo fascista paramilitar.
La oposición de los socialistas a la guerra, así como el rechazo al militarismo (provenientes de las clases medias) provocó irritación en diversos sectores, y contribuyó al ascenso fascista.
El gabinete de Giolitti (liberal),  buscaba  armonizar y solventar las discordias más agudas de la vida pública italiana. Giolitti resolvió los principales problemas exteriores italianos, restauró las buenas realciones con sus aliados de la guerra, y sentó las bases para el desarrollo de la influencia italiana en la Europa suroriental. Su mayor éxito lo obtuvo en la solución del conflicto con los trabajadores que ocupaban las fábricas. Negándose a utilizar a las fuerzas armadas, llegó a un acuerdo con los obreros prometiéndoles una legislación que garantizase, a cambio de la desocupación de las fábricas, una vía de participación obrera en la dirección de las empresas. Giliotti quería demostrar que la amenaza bolchevique era un mito, y que tratando a los obreros con consideración, éstos no iban a intentar obtener el poder. El triunfo de Giliotti, sin embargo, no hizo más que atemorizar a los empresarios, que lo acusaron de haberse negado a intervenir y de obligarles a hacer concesiones.
En ese momento, Mussolini y los fascistas encontraron su auténtico papel: explotar los temores de los propietarios rurales y urbanos y la alarma de la clase media que veía descender su posición social en comparación con la de la mano de obra organizada. El fascismo sólo llegó a convertirse en una fuerza política de importancia, cuando aquellos sectores fueron incorporados a sus filas.
En 1922, Mussolini se hizo con el control del gobierno italiano -con el consentimiento del rey Víctor Manuel-  amenazando con un golpe de Estado si se rechazaban sus demandas. Mussolini en un principio gobernó de manera constitucional encabezando una coalición de partidos, asegurándose el grado suficiente de complicidad y colaboración por parte de liberales, demócratas y popoulares, que le permitió una constante evolución hacia un Estado dictatorial de partido único.
En las elecciones de 1924, en las que Mussolini obtiene una abrumadora mayoría, los socialistas Amendola y Matteotti denuncian la violencia empleada por los fascistas en el acto eleccionario, y denuncian la invalidez de éstas. Matteotti realiza la denuncia el 30 de mayo; el 10 de junio fue asesinado.
Tras el asesinato de Matteotti, el gobierno quedó desacreditado, y durante algún tiempo pareció que no sobreviviría. Aumentó la esperanza de que el rey reconociera su deber de defender la ley y destituyera a Mussolini, pero el rey se negó a adoptar iniciativa alguna, con lo que Mussolini se afianzará en el poder.
En 1925, frente a los ataques de la prudente oposición, Mussolini llegó a decir: "Asumo, yo solo, la responsabilidad política, moral e histórica por todo lo que ha sucedido... Si el fascismo es una asociación de delincuentes, yo soy el jefe de esa asociación de delincuentes". Poco después, un atentado hiere gravemente al socialista Amendola,  muriendo ocho meses más tarde.
La violencia de los fascistas no sólo no se detuvo, sino que ahora era patrocinada por el Estado. Pronto entonces se deshizo de los obstáculos que ponían freno a su autoridad e implantó una dictadura, contando con el apoyo explícito del Vaticano. Todos los partidos políticos, excepto el Partido Fascista, fueron prohibidos y Mussolini se convirtió en el "Duce" (el líder del partido). Se abolieron los sindicatos, las huelgas fueron prohibidas y los opositores políticos silenciados.
A nivel interno, el régimen trató de modelar a los italianos según su ideal de hombre activo, disciplinado y militarizado. Sus organizaciones juveniles constituyeron un instrumento característico. Los uniformes -usado incluso por los niños- fueron un símbolo de igualdad. Proclamaban que el Estado corporativo significaba la abolición de los conflictos entre las clases y el fin de la lucha entre el capital y el trabajo.
Pese a sus declaraciones de buscar la justicia social, la política social disto mucho de ser igualitaria. La carga impositiva cada vez más pesada que el régimen requería supuso una mayor participación en los ingresos estatales de los impuestos indirectos, que implicaban mayores privaciones para los consumidores con más bajas rentas. Pese a ello, mussolini aplicó una serie de políticas sociales que se estaban dando en otras zonas de Europa como seguros contra el paro, seguros de enfermedad y de retiro, así como también primas por natalidad.
El sistema sindical fascista permitió que las reducciones salariales se llevaran a cabo provocando un mínimo de protestas.
El desempleo aumentó de 111.000  en 1925 a 324.000 en 1928. La recuperación de 1929, finalizó con la crisis mundial, de manera que, en 1932, la cifra de parados superaba el millón. Los efectos de la crisis se prolongaron por el mantenimiento de la cotización internacional de la lira al nivel de 1927. Las consecuencias de esta política económica fueron el encarecimiento de las exportaciones italianas en términos de divisas extranjeras y el empeoramiento de la situación de los trabajadores de la industria y del campo (en éste último caso, debido fundamentalmente a la superpoblación).
Su política, en cambio, benefició al sector agrario de la economía, ya que por varios años Italia se transformó en un país prácticamente autosuficiente en lo que refiere al trigo.
La política económica fascista estaba ligada al poder y al prestigio militar: la pretensión de ser autosuficientes en lo que se refería al trigo estaba ligada al deseo de conseguir un alto crecimiento demográfico, y el drenaje de nuevas tierras a la realización de obras públicas a gran escala. Aparte de esto, en general sus medidas no diferían demasiado de las políticas aplicadas por el resto de los países liberales.
En lo que se refiere a política externa, Mussolini se manejó de forma agresiva; contravino las recomendaciones de la Sociedad de Naciones e inició la conquista de Etiopía (Abisinia, 1935-1936), ganándose así la aclamación de casi todos los sectores de la sociedad italiana. No obstante, la popularidad del Duce disminuyó cuando adoptó las siguientes medidas: el envío de tropas para apoyar al general Francisco Franco durante la Guerra Civil española (1936-1939), la alianza con la Alemania gobernada por el nacionalsocialismo  mediante la formación del Eje Roma-Berlín (1936), que culminó con el denominado Pacto de Acero entre ambos estados (1939), la promulgación de leyes contra los judíos y la invasión de Albania (1939).
En cuanto a su relacionamiento con España, Mussolini ejerció una notable influencia sobre los políticos españoles más conservadores. En 1923, al llegar al poder tras un golpe de Estado, el dictador Miguel Primo de Rivera trató de imitar a Mussolini e implantó soluciones e instituciones de carácter fascista hasta su caída en 1930. Posteriormente, partidos políticos de derecha, una vez implantada la II República española, enviaron emisarios a Mussolini para buscar su apoyo en los planes que estaban preparando para levantarse contra el régimen republicano. El levantamiento más tarde liderado por el general Francisco Franco se inició el 18 de julio de 1936 y Mussolini apoyó decisivamente a los rebeldes, enviando a España a una división completa del Ejército italiano.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Literatura de entreguerras: literatura estadounidense

Literatura estadounidense
Con el siglo XX tuvo lugar la revolución de las comunicaciones -cine, radio y, posteriormente, televisión-, por lo que los libros supusieron una fuente secundaria de diversión e ilustración. La sociedad estadounidense se hizo más móvil y homogénea, y la estética regionalista, la moda dominante del siglo XIX, fue decayendo, excepto en varios escritores sureños.
El brillo y los excesos de la 'edad del jazz' terminaron con el catastrófico hundimiento de la Bolsa en 1929 que dio origen a la 'década airada' de los años treinta.
Se produjeron numerosas novelas neo-naturalistas y de protesta social inspiradas por los rigores de la Gran Depresión. Desde 1930 a 1950, los novelistas Zora Neale Hurston y Arna Bontemps se ocuparon de modo realista de los aspectos sociales de su época. Las obras de John Steinbeck, como "Viñas de la ira" (1939) expresan desesperación.
La lucha de clases es el tema que sirve de base a la obra más importante del prolífico John O'Hara, la novela Cita en Samarra (1934). Dos trilogías monumentales, "Studs Lonigan" (1932-1935), de James Thomas Farrell, y "USA" (1930-1936), de John Dos Passos, están dominadas por la amargura y la ira. La intensidad de Thomas Wolfe en "El ángel que nos mira" (1929), expresa el tormento personal, así como un optimismo místico sobre Estados Unidos.
La intrincada narrativa de las novelas de William Faulkner de este periodo: "El ruido y la furia" (1929), "Santuario" (1931) y "El villorrio" (1940), combinan una oscura violencia y humor con su visión de la sociedad trágicamente convulsionada del sur posterior a la Guerra Civil.
Al mismo tiempo, los escritores estadounidenses empezaron a ejercer una influencia importante en la literatura mundial. Las formas literarias de este periodo fueron extremadamente variadas, y los autores de teatro, poesía y narrativa realizaron experimentos técnicos radicales.
Entre los escritores más importantes de esta generación podemos citar a Ernest Hemingway, y -fundamentalmente- a William Faulkner.

William Faulkner, (1897-1962), es uno de los novelistas estadounidenses más importantes de este siglo, famoso por sus cerca de veinte novelas en las que retrata el conflicto trágico entre el viejo y el nuevo sur de su país.
En 1924 publicó por su cuenta "El fauno de mármol", un libro de poemas poco originales. Al año siguiente viajó a Nueva Orleans donde trabajó como periodista y conoció al escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson, que lo convenció para que escribiera acerca de la gente y los lugares que conocía mejor y lo ayudó a encontrar un editor para su primera novela, "La paga de los soldados" (1926).
De esta relación Faulkner hablará años más tarde:
"Aprendí de él más cosas (...) Aprendí que, para ser escritor, uno debe ser lo que es, lo que ha nacido para ser; que para ser un norteamericano y un escritor, no hay que rendirse necesariamente a cualquier imagen convencional norteamericana como la dolorosa Indiana y Ohio (alude a los cuentos de Winesburg) o los mataderos de Sandburg o la rana de Twain. Era preciso recordar lo que se es, solamente. 'Tiene que haber un punto de partida; después se empieza a aprender', me dijo. 'No importa el lugar, recuérdelo nomás y no se avergüence de él. Porque un punto de partida determinado es tan importante como cualquier otro. Usted es un muchacho del campo; lo único que conoce es ese trozo del Mississippi del que ha salido. También eso sirve. También eso es Estados Unidos; intente extirparlo, pequeño y desconocido como es, y todo se viene abajo, como cuando se quita un ladrillo de una pared.
-No en una pared revocada, dije yo.
-Sí, pero Estados Unidos no está revocado. Todavía lo están construyendo. Por eso un hombre con tinta en las venas a veces debe seguir moviéndose por todas partes, desplazarse y escuchar y mirar y aprender. Por eso personas ignorantes y sin instrucción como usted y yo no sólo tienen una oportunidad de escribir, sino que deben escribir. (...) Nunca será del todo ajustado, pero siempre queda otra oportunidad, siempre hay más tinta y más papel, y nuevas cosas para entender y contar. (...)"
Sobre la base de este consejo, Faulkner comenzó a escribir y a crear su propio universo personal.
Después de un breve viaje por Europa volvió a casa y comenzó a escribir su serie de novelas barrocas e inquietantes, ambientadas en el condado ficticio de Yoknapatawpha, que en lengua indígena significa "el agua corre lentamente a través de la tierra llana"; habitándolo con sus propios antepasados, indios, negros, oscuros ermitaños provincianos y  blancos pobres.
La primera de estas novelas, "Banderas en el polvo" (1929) -considerada como una de las mejores hasta por el propio escritor- fue rechazada por las casas editoriales aduciendo razones de extensión, carencia de argumento convincente y no progresión en la historia de los personajes. Finalmente fue aceptada con la condición de que se hicieran recortes drásticos. "Sartoris" como pasó a llamarse, perdió un cuarto del original, incluyendo el título. Faulkner aceptó la lógica de la máquina editorial y se limitó a guardar los restos.
A "Sartoris" le siguió "El sonido y la furia", novela que confirmó su madurez como escritor. Se casó con el amor de su infancia, Estelle Oldham, decidiendo establecer su casa y fijar su residencia literaria en el pequeño pueblo de Oxford. Aunque sus libros recibieron buenas críticas, sólo se vendió bien "Santuario" (1931). A pesar del sensacionalismo y brutalidad de la novela -que gira en torno a un gangster durante la ley seca, un impotente sexual inspirado en un modelo real, que rapta a una estudiante y a la que acaba alojando en un prostíbulo de Memphis, el Santuario del título- su tema es la corrupción y la fuerza demoledora de la desilusión. Gracias al éxito del libro encontró trabajo, bastante más lucrativo, como guionista de Hollywood. Esto compensó el escaso rendimiento de sus novelas, y le permitió darse un respiro para escribirlas.
Sus novelas son de modo indiscutible grandes relatos (el Mal, la Traición, el Destino, el Hombre, la Tierra) en un momento de supuesta caída de los grandes relatos.
Su obra, a primera vista, grave y densa, resulta apasionante a medida que el lector se interna en ella.
Para crear una atmósfera determinada, sus frases complejas y enrevesadas se alargan durante más de una página y, jugando con el tiempo de la narración, ensambla relatos, experimenta con múltiples narradores e interrumpe el discurso narrativo con divagantes monólogos interiores.
En 1946, el crítico Malcolm Cowley, preocupado porque Faulkner era poco conocido y apreciado, publicó "The portable Faulkner", libro que reúne extractos de sus novelas en una secuencia cronológica, dando a la saga de Yoknapatawpha una nueva claridad y poniendo así el genio del escritor al alcance de una nueva generación de lectores.
Esta novela casi experimental creó escuela y las letras hispoamericanas se vieron profundamente influenciadas desde un punto de vista formal, como puede descubrirse entre otros en la obra del argentino-chileno Manuel Rojas, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes y el uruguayo Juan Carlos Onetti.
El hecho de que tras la Guerra Civil española cayera la censura sobre Faulkner, hizo que su obra -que había empezado a traducirse en 1930- tardara en publicarse de nuevo, pero aun así, muchos escritores tanto en el exilio como en España reflejan su influencia como Luis Martín Santos y, por supuesto, Juan Benet.
Las obras de Faulkner, que habían permanecido durante un largo tiempo lejos de las imprentas, comenzaron a reeditarse y empezó a considerársele no ya como una curiosidad regional sino como un gigante literario cuya mejor escritura iba mucho más allá de las tribulaciones y conflictos de su tierra natal.
Sus logros fueron reconocidos internacionalmente en 1949 al concedérsele el Premio Nobel de Literatura.  Continuó escribiendo, tanto novelas como cuentos, hasta su muerte en Oxford, el 6 de julio de 1962. Entre sus obras principales se encuentran "Mientras agonizo" (1930), "Luz de agosto" (1932), "¡Absalon, Absalon!" (1936), "Los invictos" (1938), "El villorrio" (1940), "Desciende Moisés" (1942), "Intruso en el polvo" (1948), "Una fábula" (1954, Premio Pulitzer de 1955), "La ciudad" (1957), "La mansión" (1959) y "Los rateros" (1962), también ganadora de un Premio Pulitzer.
Ernest Hemingway (1899-1961)
Novelista estadounidense cuyo estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos y por la descripción emocional sugerida. Su vida y su obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras están consideradas como clásicos de la literatura en lengua inglesa.
Hemingway nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, en cuyo instituto estudió. Trabajó como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la Primera Guerra Mundial. Más tarde fue transferido al ejército italiano resultando herido de gravedad.
Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la Segunda Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho.
Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la Segunda Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África. Murió en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta.
Hemingway describe en sus primeros libros la vida de dos tipos de personas. Por un lado, hombres y mujeres despojados por la Segunda Guerra Mundial de su fe en los valores morales en los que antes creían, y que viven despreciando todo de forma cínica excepto sus propias necesidades afectivas. Y por otro, hombres de carácter simple y emociones primitivas, como los boxeadores profesionales y los toreros, de los que describe sus valientes y a menudo inútiles batallas contra las circunstancias.
Entre sus primeras obras se encuentran los libros de cuentos "Tres relatos y diez poemas" (1923), su primer libro "En nuestro tiempo" (1924), relatos que reflejan su juventud, "Hombres sin mujeres" (1927), libro que incluía el cuento 'Los asesinos', notable por su descripción de una muerte inminente, y "El que gana no se lleva nada" (1933), libro de relatos en los que describe las desgracias de los europeos.
La novela que le dio la fama, "Fiesta" (1926), narra la historia de un grupo de estadounidenses y británicos que vagan sin rumbo fijo por Francia y España, miembros de la llamada generación perdida del periodo posterior a la Primera Guerra Mundial.
En 1929 publicó su segunda novela importante, "Adiós a las armas", conmovedora historia de  amor entre un oficial estadounidense del servicio de ambulancias y una enfermera inglesa que se desarrolla en Italia durante la guerra.
Hemingway había explorado temas como la impotencia y el fracaso, pero al final de la década de 1930 empezó a poner de manifiesto su preocupación por los problemas sociales. Tanto su novela "Tener y no tener" (1937) como su obra de teatro "La quinta columna" (1938), condenan duramente las injusticias políticas y económicas.

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