Una
extraña enfermedad azota al mundo: el síndrome de inmuno deficiencia adquirida
-SIDA- descubierto a fines de la década del '70 y aislado en 1983, se expande
por la población mundial, sin haberse hallado aún hoy un método eficaz para
logar eliminarlo.
Un nuevo virus azota al mundo: el SIDA
Para
las nuevas generaciones el SIDA es una misteriosa plaga que está derrotando a
la todopoderosa ciencia médica. Para los más veteranos reproduce el pánico que
extendían antaño enfermedades como la viruela o la tuberculosis.
En un
principio, cuando se pretendió que la enfermedad atacaba sólo a los
homosexuales y drogadictos, el tema no se trataba explícitamente, y
representaba un tabú.
Actualmente los grupos de riesgo se han ampliado y abarca
desde los niños recién nacidos de padres afectados, hasta las parejas
heterosexuales sin demasiadas particularidades.
El prejuicio de que el riesgo
de contraer el SIDA era patrimonio de "homosexuales, bisexuales y
drogadictos": los "otros". Eso creó la convicción en la mayoría de la población de que ellos estaban fuera del problema.
Esta fue la principal causa que permitió el exponencial estallido que ha tenido
el SIDA desde su descubrimiento e identificación a mediados de la década del
'80.
El
Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), es el estado final de la
infección crónica producida por el retrovirus VIH (virus de la
inmunodeficiencia humana).
El SIDA es una enfermedad que anula la capacidad del
sistema inmunológico para defender al organismo de múltiples microorganismos,
produciéndose graves infecciones.
Se caracteriza por astenia y pérdida de peso
importantes, y con frecuencia por complicaciones neurológicas debidas a la
lesión de las células cerebrales.También tiene una elevada incidencia en ciertos cánceres,
especialmente el sarcoma de Kaposi; uno de sus primeros síntomas consiste en la
aparición de lesiones violáceas en la piel. Otros tumores frecuentes son los
linfomas de células B.
El
VIH es un retrovirus, es decir que su material genético se encuentra en el
Ácido Ribo-nucleico -ARN- y de allí pasa al Ácido Desoxiribonucleico -ADN-,
siguiendo el proceso inverso de todos los virus conocidos.
Esta particularidad le permite integrarse al material genético de las células infectadas y transferirse directamente a las células hijas durante el proceso de división celular. De esa manera el virus puede vivir en estado latente durante largos períodos en el núcleo de células atacadas, esperando un estímulo para desarrollarse.
Esta particularidad le permite integrarse al material genético de las células infectadas y transferirse directamente a las células hijas durante el proceso de división celular. De esa manera el virus puede vivir en estado latente durante largos períodos en el núcleo de células atacadas, esperando un estímulo para desarrollarse.
Es
este aspecto silencioso del virus el que plantea el problema más grave para su
eliminación.
En
el momento de la infección se produce una fuerte reacción inmunitaria. La
intensidad de esta respuesta lleva con frecuencia a un estado de fatiga, de
fiebre y a otras manifestaciones patológicas que pueden durar varias semanas,
según el individuo.
Cuando las células ya contagiadas se introducen en el nuevo organismo vía esperma,
secreciones vaginales o la sangre, se produce una reacción habitual: las
defensas del cuerpo generan anticuerpos y estas tratan de eliminar el virus
extraño.
Pero la principal forma de difusión de la infección no es provocada por las partículas libres de VIH circulantes en la sangre, sino por el contacto que se produce entre las células afectadas y las sanas. De esta manera, un tipo particular de glóbulos blancos, los linfocitos T4, son los principales afectados.
En el funcionamiento normal del organismo estas células cumplen la función, junto con los linfocitos B, de reconocer y atacar toda molécula extraña. Al ser los propios linfocitos T4 el objetivo de la infección, con su desaparición en el desarrollo de la enfermedad, la tarea inmunitaria no puede ser cumplida. Así, es que el propio sistema inmunitario es el que produce la desaparición de uno de los principales agentes de defensa del organismo. Se abre de esta manera el camino para que cualquier otra infección, que en circunstancias normales fuese rápidamente eliminada, se desarrolle. La proliferación de estas afecciones y la imposibilidad del organismo para combatirlas es la que en definitiva provoca la muerte.
Pero la principal forma de difusión de la infección no es provocada por las partículas libres de VIH circulantes en la sangre, sino por el contacto que se produce entre las células afectadas y las sanas. De esta manera, un tipo particular de glóbulos blancos, los linfocitos T4, son los principales afectados.
En el funcionamiento normal del organismo estas células cumplen la función, junto con los linfocitos B, de reconocer y atacar toda molécula extraña. Al ser los propios linfocitos T4 el objetivo de la infección, con su desaparición en el desarrollo de la enfermedad, la tarea inmunitaria no puede ser cumplida. Así, es que el propio sistema inmunitario es el que produce la desaparición de uno de los principales agentes de defensa del organismo. Se abre de esta manera el camino para que cualquier otra infección, que en circunstancias normales fuese rápidamente eliminada, se desarrolle. La proliferación de estas afecciones y la imposibilidad del organismo para combatirlas es la que en definitiva provoca la muerte.
El
SIDA se transmite por la sangre, por contacto homo o heterosexual, a través de
la placenta desde la madre infectada al feto y posiblemente a través de la
leche de la madre infectada. Las transfusiones sanguíneas fueron una vía de
transmisión importante antes
