1994. En África ocurre una de las peores atrocidades
del siglo XX: la brutal matanza de unas 800.000 personas en Ruanda.
El 6 de abril de 1994, el
avión del presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue derribado por atacantes
desconocidos cuando se aproximaba a la capital ruandesa, Kigali.
La muerte de
Habyarimana desencadenó una serie de acontecimientos en los que vecinos e
incluso amigos se enfrentaron entre sí.
Se produjeron asesinatos dentro de las
familias al matar los hutus a sus parientes tutsis.
Aunque la violencia fue
aparentemente espontánea, de hecho había sido planificada. A pesar de que un gran
número de medios de comunicación describieron erróneamente lo que ocurría como
un conflicto tribal, las verdaderas causas eran otras.
Las raíces del conflicto
El conflicto entre hutus y tutsis en el este de África
Central no era el
producto de antiguos odios tribales, como se ha afirmado con tanta frecuencia.
Los hutus y los tutsis no son tribus.
Una tribu es una comunidad diferenciada
con su propio lenguaje, idioma, costumbres, territorio y religión. Los hutus y
tutsis de las naciones de Ruanda y Burundi comparten el mismo territorio,
hablan el mismo idioma (kinyarwanda en Ruanda, kirundi en Burundi), tienen las
mismas costumbres, practican la misma religión y frecuentemente se casan entre
sí.
La diferencia real entre los hutus, que son mayoritarios (entre el 80 y el
85% de la población en Ruanda y Burundi), y los tutsis, que representan una
minoría de entre el 12% y el 15% en ambos países, es de carácter sociopolítico.
Los habitantes originales de la zona conocida
actualmente como Ruanda eran los twas. Los hutus ruandeses emigraron
posteriormente a la región, y ya estaban bien establecidos cuando llegaron los
tutsis a principios del siglo XV.
Esta sociedad pre colonial tenía una
estructura jerarquizada en la que los tutsis eran la aristocracia dominante. Su
posición social estaba ligada a la propiedad de ganado, un símbolo de
distinción en muchas sociedades del África Oriental.
Los hutus no estaban autorizados a poseer ganado si no
se lo concedía un señor tutsi. La concesión (o retirada) de ganado, era un
vínculo esencial entre los patrones tutsis y sus clientes hutus. Por ejemplo,
los soldados hutus que servían bien en la guerra a sus jefes tutsis eran a
menudo recompensados con ganado.
Las guerras en la región eran frecuentes, pero no
enfrentaban a tutsis contra hutus. Se trataba de conflictos civiles entre
tutsis de alto linaje -apoyados respectivamente por sus vasallos hutus en un
sistema similar al de la Europa medieval- o de guerras externas entre el reino
de Ruanda y los reinos vecinos que actualmente forman parte de Uganda y
Tanzania.
Ruanda fue colonizada por Alemania (desde 1894 a 1916) y
posteriormente por Bélgica (de 1916
a 1962). Bélgica ocupó la región durante la Primera Guerra Mundial
(1914-1918) y gobernó el país con un mandato de la Sociedad de Naciones y
posteriormente de la
ONU. Tanto Alemania como Bélgica decidieron ejercer su
gobierno a través del sistema social existente en Ruanda, con aristócratas
tutsis y clientes hutus. No obstante, sus motivos para hacerlo crearon
tensiones entre estos grupos y ayudaron a sentar las bases para los posteriores
conflictos en Ruanda.
Basándose en las características físicas -los tutsis
solían ser altos, delgados y de aspecto más "europeo" que los hutus,
más bajos y robustos-, los colonizadores determinaron que los tutsis y los
hutus eran dos razas distintas.
Según las teorías raciales de finales del siglo
XIX y principios del XX, los tutsis, con su aspecto más "europeo",
eran considerados la "raza superior" y recibían un tratamiento
preferente. En 1930, los funcionarios auxiliares de Bélgica en Ruanda eran casi
todos tutsis, lo que les hizo ganarse una enemistad duradera de los hutus.
Después de la Segunda Guerra Mundial
(1939-1945), muchas colonias africanas empezaron a avanzar hacia la independencia.
