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miércoles, 17 de octubre de 2012

La Segunda Guerra Mundial



Introducción
A fines de la década de 1930, el fantasma de la guerra no sólo no se había esfumado, sino por el contrario, parecía resurgir con mayor fuerza.
El panorama mundial se encontraba suficientemente complicado.
La Segunda Guerra Mundial -el conflicto militar que comenzó en 1939 como un enfrentamiento bélico europeo de Alemania contra Polonia y la declaración de guerra por parte de Francia e Inglaterra, y se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta- constituyó el mayor conflicto de la historia en cuanto a los recursos humanos y materiales empleados.
En total, tomaron parte en esta contienda 61 países con una población de 1.700 millones de personas, esto es, tres cuartas partes de la población mundial, de las cuales perecieron entre 35 y 45 millones de personas.
El horror nuevamente se instalaba en la vida de hombres y mujeres del planeta. Después de ella, el mundo ya no sería el mismo.
El ser humano nuevamente daba pruebas de su capacidad para lograr su propio exterminio.
La situación después de la Primera Guerra Mundial
Las causas de la guerra
El resultado de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para tres de las grandes potencias implicadas.
Alemania, la gran derrotada, albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles.
Italia, una de las vencedoras, no recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones.
Japón, que se encontraba también en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores posesiones en Asia oriental.
Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto iniciado en 1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el periodo de entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países desconfiaban de su capacidad para mantener la paz.
Estados Unidos, interesado en su fortalecimiento, inició una política aislacionista.
El fracaso de los esfuerzos de paz
Durante la década de 1920 se llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz duradera. En primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros eran libres de cumplir según su criterio.
En la Conferencia de Washington (1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1925, garantizaban las fronteras franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia. Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog, por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios bélicos.
El ascenso del fascismo
Uno de los objetivos de los vencedores de la Primera Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar seguro para la democracia en oposición al nuevo régimen establecido en la Unión Soviética; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera dictadura fascista.
La formación del Eje
Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento fascista. Prometió cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum (en alemán, ‘espacio vital’) para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por pertenecer a una raza superior.
La Gran Depresión que se produjo a comienzos de la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y se erigió en dictador tras una serie de maniobras políticas.
Japón no adoptó un régimen fascista de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los principales puertos de China.
Hitler, tras denunciar las cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1936-1939), en la que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un breve conflicto armado.
Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1941 (cuando Bulgaria se incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje Roma-Berlín-Tokio.
La agresión alemana en Europa
Hitler inició su propia campaña expansionista con la Anschluss (en alemán, ‘anexión’ o ‘unión’) de Austria en marzo de 1938, para la cual no hubo de hacer frente a ningún impedimento: Italia lo apoyó, y los británicos y franceses, aceptaron que Hitler alegara que la situación de Austria concernía a la política interior alemana. Estados Unidos había limitado drásticamente su capacidad para actuar contra este tipo de agresiones después de haber aprobado una ley de neutralidad que prohibía el envío de ayuda material a cualquiera de las partes implicadas en un conflicto internacional.
En setiembre de 1938, Hitler amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera occidental de Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos de lengua alemana. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el Pacto de Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que Hitler se comprometiera a no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en convertirse en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de Checoslovaquia en marzo de 1939.
El gobierno británico, alarmado por esta nueva agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar a este país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia. Francia también estableció un tratado de defensa mutua con Polonia.
La otra vertiente de la política de apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la crisis de 1938, pero su proposición no fue tenida en consideración por ninguna de las partes del Pacto de Munich. Gran Bretaña y Francia no establecían ningún compromiso para con el gobierno soviético en caso de un avance alemán hacia la zona oriental.
Ahora que existía la amenaza de una guerra, ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética. El Pacto Germano-soviético acordaba un pacto de no-agresión; existía, no obstante, un protocolo secreto en el que se concedía a Stalin libertad de acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Ascenso de Hitler, surgimiento del nazismo y 2ª Guerra Mundial


El resultado de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para la gran potencia derrotada: Alemania. La grave crisis económica y social generada promueve el ascenso de Adolf Hitler y el surgimiento del nazismo.
La situación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial
El resultado de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para la gran potencia derrotada: Alemania.
Alemania, que había adoptado un régimen republicano tras la disolución del Imperio al final de la guerra, quedó excluida de las conversaciones que desembocaron en el Tratado de Versalles en 1919.
El desarme y las reparaciones de guerra
Según lo estipulado en el Tratado de Versalles, y siguiéndose en lo básico los Catorce Puntos, o directrices pautadas por el presidente estadounidense, Woodrow Wilson, Alemania tuvo que suprimir el servicio militar obligatorio, reducir su Ejército a 100.000 hombres, desmilitarizar todos los territorios situados en la orilla izquierda del río Rin y los del margen derecho en una franja de 50 km de ancho, dejar de importar, exportar y prácticamente producir material de guerra, limitar sus fuerzas navales a 36 buques de superficie (no se le permitió mantener submarinos) y el personal naval a 15.000, quedándole prohibida la aviación militar.
Alemania también aceptó que el antiguo emperador Guillermo II fuera juzgado por un tribunal internacional bajo la acusación de haber cometido "un delito supremo contra la moralidad internacional", pero el juicio nunca llegó a celebrarse.
Los aliados estaban determinados a recibir compensaciones por sus pérdidas y asegurarse de que su enemigo nunca volvería a constituir una amenaza. Por consiguiente, Alemania perdió Alsacia y Lorena a favor de Francia y Prusia Occidental pasó a Polonia, creándose el corredor de Danzig entre Alemania y Prusia Oriental. También perdió sus colonias y tuvo que ceder sus instalaciones siderúrgicas, líneas ferroviarias y barcos mercantes, así como su fuerza naval, y someterse a la ocupación aliada de Renania durante 15 años.
Los alemanes tuvieron que aceptar la plena responsabilidad como causante de la guerra y, consecuentemente, pagar cuantiosas indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra. Estas últimas provisiones, en particular, causaron rencor entre la población; los alemanes no se consideraron más culpables que otros y no podían pagar todo lo que se les demandó.
Ese profundo resentimiento en la población dio lugar a la aparición de numerosos grupos nacionalistas que demandaban la revisión del tratado, y que servirían de soporte para el ascenso al poder en la década de 1930 del Partido Nacional Socialista.
El Tratado de Versalles, comprensible desde el punto de vista aliado, no aseguró una paz duradera. Alemania ni fue aplastada por completo ni fue reintegrada en la comunidad internacional. En su lugar, al aceptar el Tratado, el nuevo gobierno quedó desacreditado ante sus ciudadanos, lo que paralizó sus oportunidades de éxito.
La República de Weimar
En Weimar en 1919, una asamblea nacional, con mayoría del Partido Socialdemócrata, redactó una Constitución democrática para el nuevo Estado alemán. Pero las expectativas de la República de Weimar se apagaron. Para la mayor parte de los alemanes el gobierno ahondó el estigma de la derrota militar y defendieron la revisión de las condiciones impuestas en el Tratado de Versalles. Además, contaba con la abierta oposición de los militaristas conservadores y los socialistas revolucionarios. Ambos grupos intentaron frecuentemente derrocar al gobierno, como en el putsch de Kapp (1920) y el alzamiento espartaquista en 1920 dirigido por Karl Liebknecht y Rosa de Luxemburgo.
La situación económica hizo empeorar la situación. A causa de que Alemania no podía cumplir con los requerimientos de las reparaciones, Francia invadió el Ruhr en 1923 para explotar las minas de carbón. El gobierno alemán incitó a los trabajadores a resistirse pasivamente, garantizando sus salarios mediante la emisión desmesurada de papel moneda. La inflación resultante acabó con los ahorros, pensiones, seguros y otras formas de ingresos favoreciendo las condiciones para un estallido social que podía destruir los elementos más estables en Alemania.
Ayudado por el Plan Dawes (1924), que revisó la cuantía y modalidad de pago de las reparaciones de guerra y proporcionó préstamos del exterior, el ministro alemán Gustav Stresemann reorganizó el sistema monetario e impulsó la producción industrial.
Durante cinco años Alemania disfrutó de una estabilidad social y prosperidad relativas; en 1926, se incorporó a la Sociedad de Naciones. Sin embargo, la crisis económica mundial de 1929 sumió al país una vez más en el desastre. Millones de desempleados, desilusionados por la democracia capitalista, dirigieron sus esperanzas hacia el Partido Comunista Alemán (KPD) y al Partido Nacionalsocialista (nazi) dirigido por Adolf Hitler.
Adolf Hitler y el III Reich
El ascenso al poder
Hitler, un antiguo cabo del Ejército, odiaba a los aristócratas, los capitalistas, los comunistas y los liberales, así como a los judíos y a todos aquellos que no pertenecieran a la raza aria.
Hitler difundió su doctrina de odio racial y desprecio por la democracia en los numerosos mítines que organizó y, mientras tanto, las organizaciones paramilitares del partido aterrorizaban a sus enemigos políticos. No tardó en convertirse en una figura clave de la política de Baviera gracias a la colaboración de oficiales de alta graduación y empresarios adinerados.
En noviembre de 1923, en un momento de caos político y económico, encabezó una rebelión (putsch) en Munich contra la República de Weimar, en la cual se autoproclamó canciller de un nuevo régimen autoritario. No obstante, el conocido "putsch de Munich" fracasó por falta de apoyo militar.
Hitler fue sentenciado a cinco años de prisión como líder del intento de golpe de Estado, y dedicó los ocho meses de condena que cumplió a redactar su autobiografía: "Mein Kampf" (Mi lucha).
Fue liberado como consecuencia de una amnistía general en diciembre de 1924, y reconstruyó su partido sin que ninguno de los representantes del gobierno al que había intentado derrocar pretendiera impedirlo.
Durante la crisis económica de 1929, muchos alemanes aceptaron su teoría que explicaba la crisis como una conspiración de judíos y comunistas. Hitler consiguió atraer el voto de millones de ciudadanos prometiendo reconstruir una Alemania fuerte, crear más puestos de trabajo y devolver la gloria nacional. La representación del partido nazi en el Reichstag (Parlamento) pasó de 12 diputados en 1928 a 107 en 1930.
El partido continuó creciendo durante los dos años siguientes, aprovechando la situación creada por el aumento del desempleo, el temor al comunismo y la falta de decisión de los rivales políticos del Führer frente a su confianza en sí mismo. Para reforzar su mensaje, las SA (Sturm Abteilung) atacaron a comunistas, judíos y miembros de otros partidos.
En medio de la depresión económica, las elecciones de 1932, hicieron de los nacionalsocialistas el partido con mayor representación en el Reichstag.
En 1933, con el apoyo de elementos de extrema derecha, Hitler fue elegido canciller. Para asegurarse el poder supremo, Hitler convocó nuevas elecciones. Al culpar del incendio del edificio del Reichstag a los comunistas, ilegalizó al KPD. En el nuevo Parlamento los nacionalsocialistas, los nacionalistas y el Partido del Centro Católico aprobaron la Ley de Poderes Especiales permitiendo a Hitler controlar todos los aspectos de la vida alemana, lo que hizo durante cuatro años.
Armado con este poder, Hitler creó el III Reich, como denominó al nuevo Estado alemán. Miembros del partido nazi monopolizaron los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, el Ejército fue controlado y Hitler perpetuó su hegemonía al convertirse en jefe del Estado tras la muerte de Paul von Benckendorff Hindenburg; se redactó un nuevo sistema judicial y se proclamó comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Se ilegalizaron todos los partidos políticos excepto el nacionalsocialista. Las huelgas se prohibieron y las personas desempleadas eran inscritas en campos de trabajo o se alistaban al Ejército.
En el terreno económico, el III Reich buscó ser económicamente autosuficiente. Se constituyó un ejército profesional y se estableció el reclutamiento obligatorio para todos los ciudadanos alemanes con el fin de llevar a cabo el plan de expansión territorial de Hitler. Se estableció un planificado sistema de propaganda en el que se organizaban gigantescos mítines para galvanizar al público alemán y se controló el sistema educativo.
A través de la organización juvenil del partido, las juventudes hitlerianas, también el adoctrinamiento llegó a los niños. El sistema propagandístico contó con el apoyo de la Gestapo, un cuerpo policial secreto creado para reprimir a la oposición y aislar a los judíos, que operaban sin limitaciones civiles; y las Schutzstaffel (SS), originalmente una guardia personal de Hitler, que se incrementó hasta convertirse en un organismo dotado de una compleja burocracia con poderes militares y policiales.
Algunos alemanes desdeñaron las palabras y actuaciones de Hitler, incluso se opusieron abiertamente al monopolio del poder por los nacionalsocialistas, pero otros muchos aceptaron sus puntos de vista sobre la superioridad de la raza aria y la necesidad de ampliar el territorio alemán.
La política de exterminio
En un principio fueron los judíos quienes sufrieron leyes discriminatorias, privados de la ciudadanía, y excluidos de actividades civiles y profesionales. Se expropiaron y vendieron las empresas judías por debajo de su valor, que pasaron a ser de los no judíos. La noche del 9 de noviembre de 1938, los nacionalsocialistas mataron a más de 90 judíos, destrozaron miles de tiendas e incendiaron sinagogas durante la denominada "Noche de los Cristales rotos". Cientos de miles de judíos huyeron del país.
A comienzos de 1933, el primer campo de concentración nazi se construyó para encarcelar a numerosos grupos de oponentes políticos y otros considerados como elementos antisociales por el régimen nazi: judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, disidentes religiosos, testigos de Jehová y prostitutas. Los prisioneros debían realizar trabajos forzosos: cuando no podían trabajar más eran asesinados en cámaras de gas, por medio de inyecciones letales o fusilados. Los enfermos servían para realizar 'experimentos médicos'. Los campos incrementaron en tamaño y número durante la guerra e intensificaron progresivamente su actividad exterminadora, especialmente al final del conflicto, cuando Hitler decidió aplicar a la cuestión judía la llamada 'solución final'.
Cuando Alemania ocupó Polonia en setiembre de 1939, los judíos polacos fueron asesinados o aislados en guetos, donde murieron gran número de ellos a causa del hambre o de enfermedad.
Las conquistas de Francia, Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Yugoslavia y Grecia provocaron que cientos de miles de judíos estuvieran bajo el dominio nazi. Al invadir a la Unión Soviética en junio de 1941, el Ejército alemán era seguido por brigadas de la muerte formadas especialmente, las cuales mataron a casi un millón de judíos en el territorio ruso. Se construyeron centros de exterminación para matar a poblaciones enteras: millones de judíos y miles de gitanos y prisioneros soviéticos fueron ejecutados.
Aunque hubo colaboradores en los territorios ocupados que ayudaban a los nazis, la resistencia a su política fue importante. Antes de la ocupación alemana, Bulgaria, Hungría, Finlandia e Italia rechazaron deportar judíos; existía una actividad guerrillera general en los territorios ocupados, y se produjeron levantamientos armados de judíos en Tarnow, Radom, Bedzin, Bialystok y otros lugares, así como en el campo de Sobibor.
En 1943, durante tres semanas, los 65.000 judíos que permanecían en el gueto de Varsovia lucharon contra la policía alemana que intentaba llevar a cabo una redada completa. Hacia el final de la guerra, los judíos muertos ascendían a unos seis millones en lo que se conoció como el holocausto.
Segunda Guerra Mundial
Las amenazas de Hitler pretendían que las potencias europeas revisaran las fronteras de Alemania. Su objetivo de unir a todos los alemanes mediante la conquista de un "espacio vital" no parecía irracional para algunos estadistas, quienes comprendieron que el Tratado de Versalles era demasiado duro para Alemania. Al mismo tiempo, consideraron que las demandas de Hitler no eran lo suficientemente graves como para provocar el estallido de una nueva guerra, por lo que no intervinieron para frenar su política agresiva.
Alemania abandonó la Sociedad de Naciones en 1933 y comenzó a rearmarse en 1935 rompiendo lo pactado; en 1936 volvió a ocupar Renania.
Alemania firmó el Pacto Anti-Komintern con Japón y formó una alianza con la Italia fascista, creando el Eje Roma-Berlín-Tokio. En 1939, declaró la unión con Austria. En Munich, ese mismo año, Gran Bretaña, Francia e Italia accedieron a la demanda de Hitler de ocupar la región de los Sudetes en Checoslovaquia con mayoría de población alemana, bajo la promesa de que Alemania quedaría satisfecha en sus pretensiones territoriales.
Las potencias occidentales, interesadas en la aniquilación del estado comunista, no frenaban la amenaza alemana hacia Europa Oriental.
Por otro lado, el gobierno soviético, ocupado en una guerra fronteriza contra Japón en el Extremo Oriente y alarmado ante los progresos alemanes en Occidente, temía verse envuelto en una guerra a dos frentes.
En marzo de 1939 las tropas alemanas, a través de los Sudetes, penetraron en Checoslovaquia y tomaron rápidamente el pleno control del territorio.
Debido a toda esta situación la Unión Soviética inició negociaciones secretas con Alemania para establecer un pacto de no-agresión entre ambos estados -conocido como Pacto Germano-soviético, o también Pacto Ribbentrop-Molótov-, en tanto que continuaban las conversaciones iniciadas anteriormente con Francia y Gran Bretaña para firmar una alianza contra Alemania. Los dos países ganaban tiempo para armarse cuando llegara el momento.
El 1 de setiembre, la invasión alemana de Polonia llevó a Francia y Gran Bretaña a declarar la guerra a Alemania. Así comenzó la Segunda Guerra Mundial.
La Unión Soviética anticipando la jugada, lleva adelante una serie de pactos y anexiones para asegurar sus fronteras. La ocupación del este de Polonia fue la primera de una serie de anexiones territoriales que afectaron a Estonia, Letonia, Lituania, Carelia, Besarabia y la parte septentrional de Bucovina. Los pactos de no-agresión impuestos por la URSS a los países bálticos le dieron el derecho a estacionar tropas en dichos territorios.
En el verano de 1940, Hitler decretó la preparación de la agresión a la URSS. En octubre del mismo año, los alemanes entraron en Rumania y, luego, en Bulgaria. Tras ocupar Yugoslavia, grandes contingentes de tropas germanas invadieron Grecia, y salieron a su litoral meridional.
Las etapas de la guerra
Durante la fulgurante "guerra relámpago", las divisiones mecanizadas alemanas arrollaron a las mal equipadas tropas polacas, ocupando el oeste de Polonia.
Alentados por el éxito, en 1940 Alemania invadió y ocupó Dinamarca, Noruega, los Países Bajos y Francia, cuyas defensas rápidamente se vinieron abajo; las tropas británicas y francesas fueron evacuadas apresuradamente desde Dunkerque hacia Gran Bretaña. Hitler entonces bloqueó este país con submarinos y bombardeó el territorio británico con su nueva fuerza aérea. Mientras firmó un pacto de ayuda militar de diez años con las otras potencias del Eje, Italia y Japón.
En 1941, para ayudar a las titubeantes fuerzas italianas, envió tropas al norte de África, Grecia y Yugoslavia. Para llevar a cabo su idea de "espacio vital", y a pesar del pacto de no agresión germano-soviético, invadió la Unión Soviética por sorpresa. Como los soviéticos se retiraron hacia el este, los ejércitos alemanes ocuparon la rica Ucrania.
En este momento, Hitler era el dueño del continente europeo.
En 1942, sin embargo, Gran Bretaña todavía resistía y Estados Unidos, que había entrado en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor, estaba enviando suministros a británicos y soviéticos. Hitler entonces ordenó la movilización total de hombres y recursos. Por toda Europa (en especial los pueblos considerados inferiores, como eslavos y judíos) fueron exterminados o se vieron obligados a trabajar en las industrias de guerra alemanas, mientras que sus países sufrían la requisa de alimentos y materias primas.
En 1943, la situación varió. La ofensiva soviética condujo gradualmente a las tropas alemanas hacia el oeste. Las fuerzas del Eje en África del Norte fueron derrotadas e Italia fue invadida. La misma Alemania, desde 1942, comenzó a ser bombardeada de forma intensiva. Aunque la derrota era inevitable, Hitler rehusó rendirse. El resultado de la guerra se aclaró más cuando los soviéticos avanzaron en forma inexorable y las fuerzas británicas y estadounidenses desembarcaron en Normandía en 1944.
Hitler se suicidó antes de que los tanques soviéticos entraran en abril de 1945 en Berlín.

miércoles, 8 de agosto de 2012

1919 - 1945. Tras la primera gran guerra, un mundo cambió para siempre


Tras la primera gran guerra,  el mundo comenzó a sentir que algunas cosas habían cambiado para siempre. Los viejos estados imperiales veían desmoronarse su poderío frente al surgimiento de  nuevos centros de poder.

 

1919 - 1945

Los grandes imperios coloniales, y en especial Inglaterra comenzaron a ver desmoronar sus áreas de influencia política y económica, así como surge con una fuerza arrolladora un nuevo imperio, los Estados Unidos de América, como modelo del esquema capitalista de la época.
La recuperación económica de los países europeos, como la prosperidad sin parangón de los EEUU sufrirá un brusco descenso por la crisis de la bolsa en 1929.
En Europa, uno de los fenómenos más importantes (fines siglo XIX y XX) fue la "revolución demográfica": la tasa de mortalidad descendió cuando se pudieron controlar las enfermedades epidémicas; más tarde, después de cierto tiempo, la tasa de natalidad bajó y el resultado fue un nuevo equilibrio basado en una mayor longevidad.
El resultado fue un rápido crecimiento de la población, aunque en estos años la tasa de crecimiento estaba descendiendo. La falta de oportunidades de trabajo junto con la preponderancia de propiedades familiares campesinas muy pequeñas, mantenía vinculada a la tierra a esta creciente población. Las ganancias eran escasas, a menudo apenas suficientes para subsistir. Se trataba de una población empobrecida que dependía de la agricultura, cuyos mercados estaban debilitados debido a la Primera Guerra mundial.
La industrialización de la Europa meridional y oriental no había ido muy lejos. Y la ausencia de capitales retrasaba el incremento de la productividad agrícola.
En algunos países, como en España, donde predominaba el latifundio, la situación se agravaba con la superpoblación.
Ese problema se trasladaba también a las ciudades. El excesivo número de inquilinos en cada casa no era un problema que afectase sólo a las grandes ciudades. En Polonia, en el año 1921, el 48% de las casas (en ciudades de menos de 20.000 habitantes) albergaban más de dos personas por habitación. En 1931, más de la mitad de las casas de las zonas rurales polacas consistían en una habitación con un promedio de 4,8 personas.
Estas diferencias profundas entre diferentes zonas de Europa -en el tipo de alimentación, educación, vivienda llevó a que en estos años se realizaran adelantos en materia de política social, que garantizasen a los sectores más desfavorecidos de la población, las condiciones esenciales de bienestar.
En medicina, aunque se llevaron a cabo importantes innovaciones como la introducción de nuevos métodos de vacunación contra la difteria y el descubrimiento de las sulfamidas, lo que implicaba el progreso era la aplicación  a más amplios sectores de la población de principios y técnicas ya utilizadas, que al descubrimiento de procedimientos nuevos.
El desempleo sectorial en los países que habían desarrollado una industria pesada, las medidas para proteger las economías nacionales y monopolizar los mercados coloniales, las sucesivas crisis de precios de la producción agrícola, exigían cambios; sobre todo una serie de medidas que fomentasen el comercio internacional, el abandono de producciones típicas de bajo rendimiento, y el aumento en las inversiones en diferentes países. Períodos de estabilidad y esperanza se sucedieron con períodos de crisis, y de alguna manera todos éstos lograron reacomodar y consolidar el sistema capitalista a una nueva realidad mundial.
Paralelamente a esta serie de dificultades, la gente trataba de olvidar el horror vivido con la guerra. En los "alegres veintes" se consolidaron la radio, el jazz y las faldas cortas. El cine habló por primera vez con "The Jazz Singer", que se convirtió en la punta de lanza de una novedad cinematográfica: el sonido. La clave, para muchos sectores -incluso con ideas contradictorias- de la sociedad era vivir intensamente, a la velocidad que marcaban los nuevos tiempos.
A nivel político, los intentos de consolidar una paz duradera entre las naciones, se vió frustrado por la serie de dificultades que a nivel económico y social se profundizaban. Y mientras se hablaba de paz, los países reiniciaban su carrera armamentista.
Surgen movimientos fascistas, reivindicaciones nacionalistas y planteos racistas y xenófobos que tienen como máximo exponente el nazismo de Adolf Hitler.
La polarización de los sectores sociales se agudiza, y será la Guerra Civil Española el antecedente inmediato de lo que sobrevendrá.
La Segunda Guerra Mundial sería inevitable.
El conflicto militar iniciado como un enfrentamiento bélico europeo de Alemania contra Polonia se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta, transformándose en el mayor y más trágico conflicto en la historia de la humanidad con un saldo de 45 millones de muertos. Y el empleo de la bomba atómica puso de manifiesto de que pronto la humanidad sería capaz de destruirse a sí misma: el mundo contemporáneo había comenzado.

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