Mostrando entradas con la etiqueta holocausto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta holocausto. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de octubre de 2012

Segunda Guerra Mundial. El Holocausto



Holocausto (del griego, holo, ‘total’ y kaio, ‘quemar’), es un término que originalmente hacía referencia a un rito religioso en el que se incineraba una ofrenda, pero que en la actualidad, cuando se emplea como nombre propio, se refiere a la política de exterminio de los judíos residentes en Europa llevada a cabo por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Afirmación de la raza
Cuando el régimen nazi alcanzó el poder en Alemania en enero de 1933, adoptó de inmediato medidas sistemáticas contra los judíos, considerados ajenos a la raza aria. Uno de los primeros decretos promulgados fue una definición del término ‘judío’.
La religión de los antepasados era un rasgo fundamental en esta caracterización. Todo el que tuviera tres o cuatro abuelos judíos era considerado como tal automáticamente, sin que se tuviera en cuenta ni si este individuo era miembro de la comunidad religiosa judía ni su lugar de nacimiento. A aquéllos que fueran descendientes de judíos por parte de uno de sus progenitores sólo se les consideraba totalmente judíos si ellos mismos pertenecían a esta religión o habían contraído matrimonio con un miembro que la profesara. Los que tenían algún pariente judío o un único abuelo de esta religión eran llamados "mischlinge" (‘semiraza’).
Este énfasis en el origen familiar se entendía como una afirmación de la ‘raza’ según la doctrina nazi, pero el propósito principal de estas clasificaciones era delimitar claramente a quien afectaban las leyes discriminatorias.
La ‘arianización’ de la vida económica
Desde 1933 hasta 1939, el partido nazi, los organismos gubernamentales, los bancos y los comercios aunaron sus esfuerzos para eliminar a los judíos de la vida económica.
Aquéllos que no pertenecían a la raza aria no tenían derecho a ocupar cargos en la administración, y los abogados y médicos judíos perdieron a su clientela aria. Algunas empresas judías se disolvieron, otras fueron confiscadas por el Estado o vendidas a un precio inferior a su valor a otras compañías que no pertenecían a miembros de la comunidad judía ni eran dirigidas por ellos. La transferencia contractual de empresas judías a los nuevos propietarios alemanes recibía el nombre de ‘arianización’. Los ingresos procedentes de las ventas, así como los ahorros de los judíos estaban supeditados a impuestos especiales. Los empleados judíos de los negocios disueltos o arianizados perdían sus puestos de trabajo.
La Noche de los cristales rotos
El primer objetivo que se proponía el régimen nazi era la emigración de los judíos. En noviembre de 1938, después de que un joven judío asesinara a un diplomático alemán en París, todas las sinagogas de Alemania fueron incendiadas, se destrozaron los escaparates de los comercios judíos y se arrestó a miles de ellos. Este suceso, conocido como la "Noche de los cristales rotos" (Kristallnacht), fue la señal para que la población judía de Alemania y Austria abandonara estos países con la mayor rapidez posible. Varios cientos de miles de judíos encontraron refugio en otras naciones, otros muchos, con menos posibilidades económicas, permanecieron para hacer frente a un futuro incierto.
La ocupación de Polonia
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en setiembre de 1939, el Ejército alemán ocupó la mitad occidental de Polonia, con lo que casi dos millones de judíos polacos cayeron bajo la esfera de poder alemana. Las restricciones que se aplicaron a los judíos polacos fueron mucho más duras que las padecidas por los judíos alemanes.
Se les obligó a trasladarse a guetos rodeados por muros y alambradas, con una administración propia muy limitada que recordaba a los campos de concentración. Cada gueto contaba con un consejo judío que se encargaba de organizar el alojamiento, la sanidad y la producción. Debían trabajar para el régimen nazi, y los productos manufacturados se enviaban fuera del recinto.
El suministro de comida que permitían los alemanes consistía principalmente en cereales y algunas verduras y hortalizas (nabos, zanahorias y remolacha principalmente). La ración oficial del gueto de Varsovia no alcanzaba las 1.200 calorías por persona. Surgió un mercado negro de alimentos introducidos de contrabando, pero los precios de las mercancías eran elevados y el desempleo y la pobreza estaban muy extendidos. En las casas llegaban a vivir de seis a siete personas en cada habitación. El hambre y las enfermedades infecciosas como el tifus, constituían las causas más habituales de muerte entre la población.
La invasión de la URSS
Mientras la población polaca era internada en guetos, el Ejército emprendió una acción a gran escala en el frente oriental. En junio de 1941, los ejércitos alemanes invadieron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a la vez que la Oficina Principal de Seguridad del Reich (un organismo dependiente de la policía y de la milicia del partido nazi, conocida como las SS) enviaba 3.000 hombres de las unidades especiales para eliminar a todos los judíos que se encontraran en el territorio recientemente ocupado. Estos destacamentos móviles, llamados Einsatzgruppen (‘grupos de acción’), no tardaron en llevar a cabo ejecuciones en masa. Las matanzas solían realizarse en fosas o barrancos próximos a las ciudades o pueblos. En algunas ocasiones eran presenciadas por soldados o habitantes de la zona. Los rumores de estos asesinatos masivos habían llegado a varias capitales del mundo mucho antes de que hubiera testigos de las mismas.
La ‘solución final’
Un mes después de que comenzaran las acciones de los grupos móviles en el territorio ocupado de la URSS, el dirigente nazi y jefe de la Aviación alemana, Hermann Wilhelm Goering, envió un comunicado al jefe de la Oficina Principal de Seguridad del Reich, Reinhard Heydrich, encomendándole la organización de la "solución final para la cuestión judía" en toda la Europa dominada por los alemanes.
Se obligó a los judíos residentes en Alemania a llevar distintivos o brazaletes con una estrella amarilla a partir de setiembre de 1941. Decenas de miles fueron deportados a los guetos de Polonia y a las ciudades conquistadas en la URSS a lo largo de los siguientes meses. Pero cuando esta medida ya se había puesto en marcha, se creó un nuevo método de exterminio: los campos de concentración.
En Polonia se construyeron campos equipados con instalaciones de gases. La mayoría de las futuras víctimas eran deportadas a estos centros de muerte desde los guetos cercanos. Más de 300.000 judíos procedentes únicamente del gueto de Varsovia fueron eliminados. Los primeros transportes solían llevar a mujeres, niños o ancianos, y, en general, a la población que no podía trabajar. Los judíos que podían ser empleados como mano de obra permanecían en talleres o fábricas, pero acababan siendo ejecutados. Las deportaciones más numerosas se produjeron en el verano y otoño de 1942. El destino de estos traslados no era comunicado a los consejos judíos de los guetos, pero las noticias de los asesinatos en masa fueron llegando a oídos de los supervivientes y de los gobernantes de Estados Unidos y Gran Bretaña. En abril de 1943 los 65.000 judíos que aún permanecían en Varsovia se sublevaron contra la policía alemana, que había entrado en el gueto para realizar nuevos envíos. La lucha duró tres semanas.
Deportaciones
Las deportaciones que se llevaron a cabo en toda la Europa ocupada por los alemanes generaron una multitud de trámites políticos y administrativos.
Se emprendieron negociaciones diplomáticas para efectuar deportaciones en algunos de los países aliados con Alemania, como los estados satélite de Eslovaquia y Croacia.
El gobierno francés de Vichy en 1940 ya había puesto en vigor algunas leyes antisemitas. Las autoridades francesas alimentaron la maquinaria alemana en Francia con judíos inmigrantes y extranjeros. El gobierno fascista italiano se negó a cooperar con los nazis hasta que Italia fue ocupada por fuerzas alemanas en setiembre de 1943; la misma actitud adoptó el gobierno húngaro, por lo que los alemanes invadieron el país en marzo de 1944. Rumania, pese a haber sido responsable de varias ejecuciones en masa de judíos en los territorios ocupados de la URSS, también se negó a entregar su población judía a Alemania. En la Dinamarca ocupada numerosos daneses colaboraron para salvar de una muerte segura a los judíos que se encontraban en el país y les enviaron a Suecia, que era un Estado neutral, en miles de pequeñas embarcaciones.
Los alemanes se apropiaban de todas las posesiones de los deportados siempre que les era posible. En Alemania se confiscaron las cuentas bancarias y propiedades de los judíos, y el mobiliario de los pisos de familias judías de la Francia ocupada, Bélgica y Países Bajos se envió a Alemania para ser distribuido entre las personas cuyas casas habían sido bombardeadas.
El transporte de víctimas a los campos de la muerte solía hacerse por ferrocarril, y la policía tenía que abonar al sistema ferroviario alemán el precio de un billete de ida de tercera clase por cada deportado. Cuando se había cargado a mil personas en un tren, se aplicaba una tarifa de grupo por la cual sólo era preciso pagar la mitad del importe. Los trenes, formados por vagones de mercancías, se desplazaban lentamente siguiendo horarios especiales. Los enfermos y los ancianos solían fallecer durante el trayecto.
Los campos de la muerte
Los puntos de destino en Polonia eran Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibor, Treblinka, Lublin y Auschwitz. Kulmhof, situado al noroeste del gueto de Lodz, contaba con furgones de gas, y el número de personas que perdieron allí la vida fue de unas 150.000. Belzec disponía de cámaras de gas de monóxido de carbono en las que fueron asesinados 600.000 judíos aproximadamente, procedentes en su mayoría de la populosa zona de Galitzia. Las cámaras de gas de Sobibor pusieron fin a la vida de más de 250.000 personas, y las de Treblinka de 700.000 a 800.000. En Lublin murieron gaseados o fusilados unos 50.000 judíos. El número de víctimas de Auschwitz fue superior a un millón.
Auschwitz, próximo a Cracovia, fue el mayor campo de exterminio. El gas empleado en este lugar, a diferencia del de otros campos, era ácido clorhídrico y producía una muerte rápida. Las víctimas de Auschwitz procedían de toda Europa: Noruega, Francia, Países Bajos, Italia, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Grecia y España, en este último caso principalmente republicanos españoles exiliados tras la Guerra Civil (1936-1939). Una gran parte de los presos de estos países, incluso aquéllos que no eran judíos, fueron empleados como mano de obra en industrias; algunos prisioneros fueron sometidos a experimentos médicos, sobre todo a esterilizaciones. Aunque lo habitual era que sólo se gaseara a los judíos y los gitanos, varios cientos de miles de personas internadas en este campo murieron a causa del hambre, de las enfermedades o las ejecuciones. Se construyeron enormes crematorios para incinerar los cuerpos de las víctimas y borrar las huellas del exterminio. Auschwitz fue fotografiado por aviones de reconocimiento aliados que buscaban objetivos industriales, y en 1944 se destruyeron las fábricas pero no las cámaras de gas.
Las consecuencias del Holocausto
Cuando la guerra terminó millones de judíos, comunistas, eslavos, gitanos, homosexuales, y otros grupos habían fallecido en el Holocausto.
Más de 5.000.000 de judíos fueron asesinados: unos 3.000.000 en centros de exterminio y en campos de trabajo, 1.400.000 en los fusilamientos masivos, y más de 600.000 en los guetos (se estima que el número de víctimas fue casi de 6.000.000).
Las potencias victoriosas se vieron fuertemente presionadas para fundar en Palestina una patria permanente para los judíos sobrevivientes, y la creación del Estado de Israel, tres años después de la derrota alemana, resultó ser otra consecuencia del Holocausto. Como lo fue la acuñación del concepto ‘crímenes de guerra contra la humanidad’ en el Derecho internacional, resultado de cuya aplicación numerosos dirigentes nazis responsables del Holocausto fueron condenados, y algunos ejecutados, al finalizar la contienda por un tribunal de guerra internacional celebrado en Nuremberg (Alemania), dentro de los juicios por crímenes de guerra tristemente más famosos de la historia reciente de la humanidad.

Films documentales que valen la pena ver sobre el fascismo, nazismo y holocausto:
"El fascismo corriente", de Mijail Romm. URSS, 1965.  Con un gran manejo del humor y la ironía. El link para verlo:  http://video.google.com/videoplay?docid=6605088134481599843#
 "Noche y niebla" de Alain Resnais. Francia, 1955. Sobre la maquinaria de matanza instrumentada por los nazis y la responsabilidad colectiva (de toda Europa y el resto de los países, no sólo de los alemanes) en lo que sucedió.

"Shoah" de Claude Lanzmann. Francia, 1985. Una obra maestra del documental -relatado sin una sola imagen de archivo- y un impactante, emocionado y comprometido alegato sobre el tema. Aclaramos que, pese a que el film dura 9 horas, te mantiene absolutamente enganchado.
 

miércoles, 17 de octubre de 2012

La Segunda Guerra Mundial



Introducción
A fines de la década de 1930, el fantasma de la guerra no sólo no se había esfumado, sino por el contrario, parecía resurgir con mayor fuerza.
El panorama mundial se encontraba suficientemente complicado.
La Segunda Guerra Mundial -el conflicto militar que comenzó en 1939 como un enfrentamiento bélico europeo de Alemania contra Polonia y la declaración de guerra por parte de Francia e Inglaterra, y se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta- constituyó el mayor conflicto de la historia en cuanto a los recursos humanos y materiales empleados.
En total, tomaron parte en esta contienda 61 países con una población de 1.700 millones de personas, esto es, tres cuartas partes de la población mundial, de las cuales perecieron entre 35 y 45 millones de personas.
El horror nuevamente se instalaba en la vida de hombres y mujeres del planeta. Después de ella, el mundo ya no sería el mismo.
El ser humano nuevamente daba pruebas de su capacidad para lograr su propio exterminio.
La situación después de la Primera Guerra Mundial
Las causas de la guerra
El resultado de la Primera Guerra Mundial fue decepcionante para tres de las grandes potencias implicadas.
Alemania, la gran derrotada, albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles.
Italia, una de las vencedoras, no recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones.
Japón, que se encontraba también en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores posesiones en Asia oriental.
Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto iniciado en 1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el periodo de entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países desconfiaban de su capacidad para mantener la paz.
Estados Unidos, interesado en su fortalecimiento, inició una política aislacionista.
El fracaso de los esfuerzos de paz
Durante la década de 1920 se llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz duradera. En primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros eran libres de cumplir según su criterio.
En la Conferencia de Washington (1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1925, garantizaban las fronteras franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia. Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog, por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios bélicos.
El ascenso del fascismo
Uno de los objetivos de los vencedores de la Primera Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar seguro para la democracia en oposición al nuevo régimen establecido en la Unión Soviética; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera dictadura fascista.
La formación del Eje
Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento fascista. Prometió cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum (en alemán, ‘espacio vital’) para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por pertenecer a una raza superior.
La Gran Depresión que se produjo a comienzos de la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y se erigió en dictador tras una serie de maniobras políticas.
Japón no adoptó un régimen fascista de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los principales puertos de China.
Hitler, tras denunciar las cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1936-1939), en la que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un breve conflicto armado.
Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1941 (cuando Bulgaria se incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje Roma-Berlín-Tokio.
La agresión alemana en Europa
Hitler inició su propia campaña expansionista con la Anschluss (en alemán, ‘anexión’ o ‘unión’) de Austria en marzo de 1938, para la cual no hubo de hacer frente a ningún impedimento: Italia lo apoyó, y los británicos y franceses, aceptaron que Hitler alegara que la situación de Austria concernía a la política interior alemana. Estados Unidos había limitado drásticamente su capacidad para actuar contra este tipo de agresiones después de haber aprobado una ley de neutralidad que prohibía el envío de ayuda material a cualquiera de las partes implicadas en un conflicto internacional.
En setiembre de 1938, Hitler amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera occidental de Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos de lengua alemana. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el Pacto de Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que Hitler se comprometiera a no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en convertirse en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de Checoslovaquia en marzo de 1939.
El gobierno británico, alarmado por esta nueva agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar a este país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia. Francia también estableció un tratado de defensa mutua con Polonia.
La otra vertiente de la política de apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la crisis de 1938, pero su proposición no fue tenida en consideración por ninguna de las partes del Pacto de Munich. Gran Bretaña y Francia no establecían ningún compromiso para con el gobierno soviético en caso de un avance alemán hacia la zona oriental.
Ahora que existía la amenaza de una guerra, ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética. El Pacto Germano-soviético acordaba un pacto de no-agresión; existía, no obstante, un protocolo secreto en el que se concedía a Stalin libertad de acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.

Si te gusta el fútbol, entrá aquí: