En dos puntos del continente
americano se desarrollan formas musicales que marcarán toda una época y
ejercerán su influencia en las más diversas regiones del mundo.
El Jazz y el tango, gracias a
la invención de los discos de vinilo, se venderán en todo el mundo.
La música en los
EE.UU.
Características generales
En
las décadas de los años '20 y '30 una música única y especial comienza a
expandirse con fuerza: el jazz.
Con
raíces en la música negra afroamericana, los negros spirituals y el blues, el
jazz se desarrolla como una forma propia reconocible y con una característica
singular: la improvisación.
Por
lo general la improvisación se acompaña de una progresión de acordes de una
canción popular o una composición original que se repiten.
Los
instrumentistas imitan los estilos vocales negros, incluso el uso de glissandos
o slides y portamentos (sonidos arrastrados de una nota a otra), las ligeras
variaciones de tono (incluidas las llamadas "blue notes", tonos de la
escala del blues desafinados a la baja en un intervalo microtonal respecto a la
afinación occidental), y los efectos sonoros, como gruñidos y gemidos.
La
voluntad de crear un sonido personal de color tonal -con un sentido del ritmo y
la forma individual, y con un estilo propio de ejecución- llevó a los músicos a
la utilización de ritmos que se caracterizan por una sincopación constante (los
acentos aparecen en momentos inesperados del compás) y también por el swing (la
sensación de estire y afloje que surge cuando se oye la melodía y a
continuación una variación de ésta) alternándose con el pulso o la división del
pulso esperados.
Las
partituras escritas, si existen, se usan tan sólo como guías de la estructura
dentro de la cual se desarrolla la improvisación.
Si
bien hay excepciones, la mayor parte del jazz se basa en la adaptación de
infinitas melodías a algunas progresiones de determinados acordes. El músico
improvisa nuevas melodías que se ajustan a la progresión de los acordes, y
éstos se repiten tantas veces como se desee a medida que se incorpora cada
nuevo solista.
Desarrollo histórico
Con
el inicio del siglo XX surgió el primer estilo de jazz documentado, cuyo centro
estaba en la ciudad de Nueva Orleans, en el estado de Louisiana. En este
subestilo la corneta o la trompeta llevaba el peso de la melodía, el clarinete
tocaba floridas contramelodías y el trombón interpretaba sonidos rítmicos
mientras hacía sonar las notas fundamentales de los acordes o una armonía
simple. Detrás de este trío básico, la tuba o el contrabajo interpretaban la
línea del bajo, y la batería el acompañamiento rítmico. La exuberancia y el
volumen eran más importantes que la delicadeza: la improvisación se centraba en
el sonido del conjunto.
Un
músico de nombre Buddy Bolden parece haber sido el artífice de las primeras
bandas de jazz, pero su música y su sonido se han perdido. La primera grabación
de una banda de jazz se realizó en 1917.
Louis Armstrong fue
el primer auténtico virtuoso de jazz; un sorprendente improvisador, tanto en el
plano técnico, como en el emocional e intelectual. Cambió el formato del jazz y
puso al solista al frente de la orquesta.
Los grupos con los que grabó, los Hot
Five y los Hot Seven, demostraron que la improvisación podía ser mucho más que
una simple ornamentación de la melodía; para ello creó nuevas variaciones
basándose en los acordes de la melodía inicial. También creó escuela para todos
los cantantes de jazz posteriores, no sólo en la manera de alterar las palabras
y la melodía de las canciones, sino también al improvisar sin palabras, usando
la voz como un instrumento (técnica denominada scat).
Para
el jazz, la década de 1920 fue una época de gran experimentación y muchos
descubrimientos. Muchos músicos de Nueva Orleans, incluido el mismo Louis
Armstrong, emigraron a Chicago, influyendo en los intérpretes locales y
estimulando la evolución de un estilo identificable, derivado del estilo Nueva
Orleans pero acentuando la actuación de los solistas y añadiendo de forma
habitual el saxofón a la orquestación.