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martes, 5 de noviembre de 2013

China. Los últimos años de Mao y la peculiar "vía china al capitalismo"



Lentamente, desde los últimos años de Mao Tsé-tung, y sin afectar la estructura política, la economía china fue transformándose gradualmente hacia formas capitalistas.


Los últimos años de Mao y la peculiar "vía china al capitalismo"
Mao emergió victorioso de la Revolución Cultural y su presencia en la vida diaria china fue absoluta.


 El IX Congreso del Partido Comunista Chino celebrado en abril de 1969 intentó restablecer su organización central. Mao fue reelegido presidente señalándose que su pensamiento inspiraría al partido y a toda la nación; el ministro de defensa Lin Biao, fue nombrado su sucesor eventual, una elección personal de Mao. Sin embargo, las figuras más destacadas no fueron los maoístas sino los moderados: altos oficiales militares seguidores de Lin Biao y personalidades caracterizadas por su pragmatismo como el primer ministro, Zhou Enlai.
En 1971 la desaparición de Lin Biao (que oficialmente falleció en un accidente de aviación) y a quien se acusó posteriormente de planear el asesinato de Mao, supuso la hegemonía en el partido de Zhou.
El X Congreso del Partido, que tuvo lugar en agosto de 1973, eliminó la supuesta herencia de Lin como sucesor de Mao y se reafirmaron las posiciones de Mao y Zhou.
El compromiso de Mao para la movilización de las masas y su arraigada desconfianza en la burocracia fueron expresadas en 1973 y 1974 en una nueva campaña de reforma ideológica que atacaba tanto al confucionismo como a Lin Biao.
El pensamiento radical de Mao se reflejó en una nueva Constitución que, muy simplificada, fue adoptada por el IV Congreso Nacional Popular en enero de 1975; pero el moderado Deng Xiaoping, una víctima rehabilitada de la Revolución Cultural, fue nombrado primer viceprimerministro y vicepresidente del Partido.
Durante este periodo las relaciones exteriores de China mejoraron en gran manera, en especial con Estados Unidos, que en 1971 retiró su veto a la incorporación de la República Popular China en las Naciones Unidas, tras lo cual fue admitida en sustitución de la

lunes, 5 de noviembre de 2012

1957. China: la revolución cultural

China maoista: La Revolución Cultural
Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país. En mayo de 1966, bajo el liderazgo de Mao Tsé-tung, y en medio de una gran turbulencia política, se inició la Revolución Cultural proletaria, que ha constituido el mayor movimiento de masas en la historia de la República Popular de China.
Tras el fracaso del Gran salto adelante, Mao tuvo que contemplar cómo Liu Shaoqi (Lieu Shao-shi) y Deng Xiaoping habían tomado el control de la política, mejorando la situación económica. En su opinión, estos dos personajes se habían corrompido en el poder y, peor aún, estaban influidos por el revisionismo soviético. Mao creía que el principal obstáculo para la consecución del socialismo era la pérdida del espíritu revolucionario en China, especialmente entre los cuadros del Partido Comunista. Cifró sus esperanzas en las generaciones más jóvenes y quiso proporcionarles la experiencia de una auténtica lucha revolucionaria.
"Dejad que cien flores diferentes broten en el mismo jardín y que cien escuelas rivalicen en la afirmación de la verdad" había dicho Mao Tsé-tung en 1957 ante la suprema conferencia del Estado, aludiendo a una máxima de Confucio.

 El presidente chino pretendía afirmar así el principio de la libre crítica constructiva en el seno del partido y del movimiento obrero internacional.
Efectivamente, a partir de aquel momento comenzó una amplia campaña de discusiones en torno a la índole de la sociedad socialista y la función, las características y la política de los partidos comunistas. El debate estuvo dedicado en su primera fase a subrayar las divergencias entre las posiciones chinas y soviéticas pero luego desembocó en una áspera polémica contra la URSS, a la que se acusó de "revisionismo", "burocratismo" y "socialimperialismo". A partir de 1966, las discusiones, enriquecidas por una participación cada vez más vivaz de las masas juveniles y estudiantiles ("los guardias rojos"), se desplazaron hasta analizar y criticar también las estructuras  y las formas de organización de la propia sociedad china.
 La "revolución cultural", patrocinada y guiada por Mao Tsé-tung, que a menudo se desarrolló como movimiento de protesta espontánea e incontrolable, quiso liberar a China de las supervivencias del pasado, eliminando el modo de gobernar, pensar y vivir heredado  de la vieja sociedad feudal y burguesa.
Las tensiones, instancias y contradicciones de esta revolución hallaron su momento de consolidación en el IX Congreso del Partido Comunista Chino (1969), que reiteró la tesis maoista de la continuidad de la lucha de clases incluso en los países con régimen socialista: "La sociedad socialista cubre un período histórico muy largo. Las clases y la lucha  de clases continúan existiendo en dicha sociedad... La lucha de clases, la lucha por la producción y la lucha por la experimentación científica  son los tres grandes movimientos revolucionarios para la construcción de un país comunista fuerte..."

 Estudiantes autoproclamados guardias rojos, a los que se unieron grupos de trabajadores, campesinos y soldados desmovilizados, tomaron las calles para manifestarse a favor de Mao, a veces violentamente, convirtiendo a los intelectuales, funcionarios estatales y del partido y trabajadores urbanos en sus principales objetivos. Se desmontó la estructura central del partido ya que se destituyó a los numerosos altos dignatarios, entre los que se encontraba el jefe de Estado, Liu, y se los expulsó del partido. Se cerraron las escuelas y la economía quedó paralizada.
En una sociedad que veneraba la sabiduría y el respeto a los mayores, se exaltaba ahora la juventud, el trabajo físico y los conocimientos prácticos del campesinado; la autocrítica desorientó y paralizó al partido y al gobierno, por lo que la organización del Partido Comunista Chino se desintegró.
Se crearon Comités Revolucionarios para gestionar los asuntos locales y los guardias rojos controlaron la situación: se llevaron a cabo registros arbitrarios en las casas en busca de pruebas incriminatorias, fueron numerosas las acusaciones falsas que provocaron confesiones que incriminaban a otras personas, a lo que seguía la humillación en público, y que provocó el suicidio de miles de personas. Numerosos intelectuales fueron obligados a dejar sus actividades y a trabajar en las más duras labores del campo, debiendo poner sus conocimientos al servicio de los campesinos. Millones de guardias rojos comenzaron a ocupar trenes para viajar por todo el país con el fin de difundir las experiencias revolucionarias.
En enero de 1967 el movimiento estalló en otras áreas urbanas y en febrero se estableció en Shanghai, en contra del consejo de Mao, una comuna que duró poco tiempo.
Varios grupos sociales, antes marginados, sacaron provecho de la situación para vengarse de la anterior elite. Los trabajadores contratados, que se habían visto discriminados de los beneficios sociales que disfrutaban los funcionarios del Estado, exigieron ahora un trato igual y arremetieron contra los miembros del partido que habían ideado tal sistema. Los hijos de quienes habían sido considerados antiguos enemigos del régimen y que habían sufrido una permanente discriminación, ahora tenían su reverso en los hijos de los dirigentes del partido, acusados de revisionistas capitalistas.
Los opositores a Mao intentaron tomar la iniciativa formando sus propios grupos de guardias rojos, y se produjeron frecuentes enfrentamientos callejeros. El Ejército Popular fue requerido para que apoyara a los radicales, pero los jefes militares tenían dificultades para diferenciar unas facciones de otras, ya que todas se consideraban maoístas, incluso en algunas ocasiones intervinieron en contra de los radicales. En julio se produjo un caso de insubordinación del comandante en jefe de la ciudad de Wuhan, resuelto únicamente gracias a la intervención personal de Zhou Enlai.
El caos aumentó en 1968. En la primavera, miles de personas murieron en enfrentamientos en las provincias de Guangdong y Guangxi, donde varios grupos fabricaron sus propias armas o robaron otras (incluso piezas de artillería) al Ejército. A pesar de las numerosas bajas y aunque Liu Shaoqi fue condenado a muerte, el régimen no adoptó una política sistemática de ejecuciones en masa como había hecho Stalin en la URSS. Los máximos dirigentes del partido fueron forzados a acudir a las llamadas escuelas de mandos Siete de Mayo para que, corrigiendo su actitud, pudieran lograr su rehabilitación; el propio Deng Xiaoping fue rehabilitado en 1973.
Las zonas rurales se libraron en gran medida de las pérdidas causadas por los combates. La cultura, en cambio, quedó gravemente dañada. Se destrozaron numerosos monumentos antiguos. Las óperas tradicionales fueron prohibidas y sólo cuatro óperas revolucionarias, aprobadas por Jiang Qing, pudieron ser representadas.
Las minorías étnicas sufrieron una discriminación particular. Aunque en principio no estaban dirigidos contra ellas, los objetivos de la Revolución Cultural terminaron por originar ataques sobre sus culturas y sus identidades, normalmente a cargo de los guardias rojos. La mayor parte del patrimonio histórico nacional fue dañado o destruido y las costumbres y prácticas religiosas fueron igualmente vulneradas.
En 1969 Mao reconocía que las cosas habían ido demasiado lejos. Cuando en marzo de 1969 estalló en el norte un conflicto fronterizo con la URSS en pleno desarrollo de la guerra de Vietnam en el sur, la República Popular de China se sintió amenazada por la existencia de conflictos en dos frentes con las dos grandes superpotencias. Además su llamada a los revolucionarios de otros países para que siguieran su ejemplo apenas tuvo eco. China no pudo afrontar el caos interno y su aislamiento internacional.
En abril de 1969 el Partido Comunista Chino celebró su IX Congreso, en el que resultó evidente el control del Ejército y en el que fue elegido Lin Biao como sucesor de Mao. El partido y el ejército comenzaron a restablecer el orden; para ello, millones de guardias rojos fueron inducidos a reasentarse en zonas apartadas e inhóspitas del país a fin de "profundizar en la revolución". 
 Mao emergió victorioso de la Revolución Cultural y su presencia en la vida diaria china fue absoluta. El IX Congreso del Partido Comunista Chino celebrado en abril de 1969 intentó restablecer su organización central. Mao fue reelegido presidente señalándose que su pensamiento inspiraría al partido y a toda la nación; el ministro de defensa Lin Biao, fue nombrado su sucesor eventual, una elección personal de Mao. Sin embargo, las figuras más destacadas no fueron los maoístas sino los moderados: altos oficiales militares seguidores de Lin Biao y personalidades caracterizadas por su pragmatismo como el primer ministro, Zhou Enlai.
Aunque el apogeo revolucionario se extinguió en 1969, no se declaró oficialmente su fin hasta después de la muerte de Mao y la detención de la denominada 'Banda de los Cuatro' (Jiang Qing, Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen) en 1976. Los altos dirigentes que habían sufrido la revolución llegaron a la convicción de que algo así no debería ocurrir nunca más. El descrédito del maoísmo animó a líderes como Deng Xiaoping a buscar alternativas. Esta convicción se convirtió en una importante condición previa para las reformas económicas de finales de la década de los años setenta.

1949. Mao y la República Popular China



1949. La revolución china liderada por Mao Tsé-tung llega al poder. El país más extenso y poblado del mundo se transforma en la República Popular China.

TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN CHINA
La República China presidida por Chiang Kai-chek, al final de la Segunda Guerra Mundial, se halló asociada a la común victoria aliada sobre Japón, país con el que mantenía una heroica guerra defensiva desde 1931, y se vio promovida a la categoría de cuarta gran potencia mundial, pese a que se trataba de un Estado corrupto cuyo régimen político interior era incapaz de imponerse en Manchuria y otras extensas zonas dominadas por los comunistas liderados por Mao Tsé-tung, que llevaba una doble y encarnizada lucha contra los japoneses invasores y contra el gobierno central.

Hacia diciembre de 1946, el general estadounidense George C. Marshall -enviado por Washington en misión a China- intentó convencer a Chiang Kai-chek de la necesidad de un entendimiento con los comunistas. Las tratativas fracasaron y el gobierno chino reanudó la lucha.
Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista. No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1947, convencidos de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó China.
Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político.
En mayo de 1947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista; además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos por los sectores más conservadores. Por otra parte, la corrupción era de tales dimensiones que los propios generales regateaban y especulaban con los fondos asignados para el ejército, llegando incluso a venderle al adversario los abastecimientos y las municiones recibidas.
En 1947 la iniciativa militar pasó a los comunistas cuyo Ejército de Liberación Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas en Manchuria y en el verano de 1949, la resistencia nacionalista se derrumbó.
El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en la isla de Formosa, isla fortificada por los norteamericanos.
En setiembre de 1949 los comunistas reunieron la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices políticas y una ley orgánica para gobernar el país.

La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que iba a servir de órgano supremo político. Mao Tsé-tung, nombrado presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado.
De acuerdo con los poderes que había delegado en él la conferencia, el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes órganos de gobierno central y local.
En el plano nacional, el Consejo Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales.
La República Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de octubre de 1949.
La República Popular
En 1953 después de que el control comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1954 se completó la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.
La Constitución de 1954, que reemplazó a la Ley Orgánica de 1949 como la ley fundamental del país, confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo cambios destinados a centralizar el control del gobierno.
La transformación de la sociedad
La política básica del régimen comunista fue transformar China en una sociedad socialista.
Para alcanzar este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia los jóvenes.

Se aseguró a las mujeres una posición de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio.
Se controló estrictamente la religión; se obligó a los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando de las iglesias cristianas.
En los primeros años de la República Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en 1951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre octubre de 1949 y octubre de 1950, se ejecutó a más de un millón de los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales de 1951 a dos millones.
Política económica
La primera acción de los comunistas fue reconstruir la economía, que se había visto afectada por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo económico. Su política económica potenció la colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro necesario para el establecimiento de la industria pesada.
La industria privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios mediante pagos compensatorios fijos.
La reforma agraria se inició en 1950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua, cooperativas y granjas colectivas.
El primer plan quinquenal, que se inició en 1953 y se llevó a cabo con ayuda soviética, potenció la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera al éxito inmediato del programa.
Política exterior
La política exterior china reflejaba la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década de 1950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de amistad y alianza en 1950 y varios acuerdos complementarios, que concluyeron en 1952 y 1954, por los que la Unión Soviética hizo grandes concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética en Manchuria. China también pretendió estrechar relaciones con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados Unidos.
Cuando este conflicto finalizó en 1953, los chinos aceleraron el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban contra los franceses en Indochina. Zhou Enlai desempeñó un importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1954, que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.
El gobierno popular chino ofreció apoyo decidido no sólo a los vietnamitas, en lucha contra la creciente intervención norteamericana en su país, sino también a todos los pueblos de Asia, África e Iberoamérica, que emprendieran la lucha contra los gobiernos capitalistas.
Esta proyección del sistema chino hacia el exterior obedecía a diversas causas, una de ellas a la capacidad de fortalecimiento interno, el desarrollo de la industria y de la técnica, que le permitió ensayar su primera bomba atómica en octubre de 1964.
Otra de las causas fue el aislamiento a que los Estados unidos trataban de someter a China, negándose a admitirla en el seno de las Naciones Unidas. Al propio tiempo, las divergencias con la Unión Soviética, cuyas fronteras asiáticas son discutidas por el expansionismo chino, y paralelamente las doctrinales con el comunismo soviético se acentuaron más desde la muerte de Stalin, hasta el punto de que con motivo del XXIII Concreso del partido comunista ruso en Moscú -abril de 1966- los chinos se negaron a enviar una delegación al mismo.
Colapso económico y crisis
A fines de la década de 1950 y principios de 1960, Mao Tsé-tung plantea una reforma económica, social y política destinada a separarse del modelo socialista soviético y crear  rápidamente un socialismo adecuado a las condiciones chinas. Esta iniciativa, denominada "Gran Salto adelante" que implicaba un gran esfuerzo colectivo para aumentar la productividad del país.
La comuna independiente y rural se convirtió en el principio básico de la vida social, minimizando la importancia de la familia y amalgamando las granjas colectivas en unidades mayores de cientos de miles de habitantes. Se consiguió aumentar la superficie cultivada y la producción de los principales artículos agrícolas, pero a costa de una estricta disciplina y de un agotador esfuerzo. Pero esa tensión productiva sólo pudo mantenerse durante tres años, y en 1959 se constató el estancamiento en la producción a causa de una mala planificación económica -que dejó de lado el necesario avance técnico-, y de pésimas condiciones meteorológicas que provocaron, conjuntamente, tremendas mortandades, en especial en el campo.
Con "el gran salto adelante", los proyectos de industrialización entraron en colapso, y su fracaso se hizo más grave con el retiro de los técnicos soviéticos, luego de los primeros choques oficiales entre los dos mayores países del bloque comunista.
Debido a los errores cometidos, China consiguió apenas un adelanto en relación a los índices de producción agrícola e industrial del período anterior a 1949. La dirección del Partido Comunista chino hizo la autocrítica de estos errores y, Chou En Lai al frente del gobierno inició una revisión gradual de los programas económicos, con el objetivo de volver a los niveles de crecimiento de 1957.

viernes, 5 de octubre de 2012

1921 - 1945. China. Dos visiones opuestas contra el imperialismo japonés



En su lucha contra el imperialismo japonés y la reunificación nacional, la joven República China busca nuevos caminos. En esa búsqueda se enfrentarán dos visiones políticas contrarias: el Partido Nacional del Pueblo y el Partido Comunista chino.

Situación de China tras la Primera Guerra Mundial
Finalizada la Primera Guerra Mundial, la situación de China estaba sumamente debilitada debido a las concesiones efectuadas a Japón, entre ellas las posesiones alemanas en Shandong.
La tardía incorporación de China en la guerra (1917) tenía por objetivo participar en el futuro tratado de paz para revisar las peticiones japonesas.
China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada de mano de obra desde oriente. La delegación china, indignada, se negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de la firma de un tratado de paz por separado con Austria.
Los jóvenes e intelectuales chinos, que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles, acercándose progresivamente al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética.
En la Universidad de Pekín se inició una manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el llamado "Movimiento del Cuatro de Mayo", que se extendió por todo el país en 1919. Pese a ser sofocado, el movimiento se planteo dos objetivos claros: deshacerse del imperialismo japonés, y restablecer la unidad nacional.

El Partido Comunista chino se fundó en Shanghai en 1921, contando entre sus primeros miembros con Mao Tsé-Tung.
Sun Yat-sen aceptó el consejo soviético para reorganizar el "Guomindang", el Partido Nacional del Pueblo en proceso de desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares; al mismo tiempo que aceptó el ingreso de comunistas en el partido.
Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo) estaban íntimamente relacionados con un espíritu antiimperialista y la defensa de la unificación nacional.
Tras la muerte de Sun en 1925, el rejuvenecido Guomindang, bajo el mandato del joven general Jiang Jieshi, lanzó una expedición militar en 1926 desde su base de Cantón. Jiang buscaba reunificar China bajo el mandato del Guomindang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la guerra). No obstante, antes de que el Guomindang completara la reunificación territorial de China en 1928, Jiang llevó a cabo una cruenta purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.
El gobierno de Jiang Jieshi
El nuevo gobierno nacional que el Guomindang estableció en Nanjing en 1928 se encontró con tres problemas de gran magnitud.
1º Jiang en realidad sólo tenía bajo su control cinco provincias, pues el resto del país aún estaba gobernado por jefes militares locales.
2º, Hacia comienzos de la década de 1930 se encontró con una rebelión interna comunista. Los comunistas chinos, después la purga del Guomindang en 1927 se dividieron en dos facciones y pasaron a la clandestinidad. Uno de los dos grupos intentó fomentar los levantamientos urbanos; el otro, dirigido por Mao Tsé-Tung, tomó la zona rural de la China central, donde movilizó a los campesinos, formó un ejército con ellos y estableció algunas comunas siguiendo el modelo soviético. La primera facción se unió finalmente a Mao en la China central.
3º. El nuevo gobierno de Jiang sufre la agresión japonesa en Manchuria y el norte de China.
Durante la década de 1920 Japón había moderado su política respecto a China. En la Conferencia Naval de Washington de 1922, había aceptado devolver las antiguas posesiones alemanas en Shandong.
Desde 1928, sin embargo, el nacionalismo militante del Guomindang chocó con los intereses imperialistas japoneses interesados en el control del ferrocarril del sur de Manchuria. El 18 de setiembre de 1931, los japoneses se valieron de un presunto bombardeo nacionalista del ferrocarril para extender su control militar sobre toda Manchuria. La primavera siguiente los japoneses transformaron las tres provincias de Manchuria en el nuevo Estado de Manchukuo y posteriormente convirtieron a Puyi, el último gobernante de la dinastía manchú, en su emperador. A comienzos de 1933 la zona oriental de Mongolia Interior fue incorporada al Manchukuo. Hacia mediados de 1933, Japón había conseguido de China un acuerdo para la desmilitarización del noreste de Hebei.
Mientras se ocupaba de estos tres problemas durante la década de 1930, Jiang Jieshi negoció con los jefes militares locales y contemporizó con los japoneses, dando prioridad a la supresión de la rebelión comunista.
A finales de 1934, consiguió desalojar al Ejército Rojo de su base de China central, pero los comunistas se desplazaron hacia el oeste y después al norte en la denominada Larga Marcha, que terminó en Yan’an, en la provincia de Shaanxi; hacia 1936 habían establecido una nueva base en el noroeste.
Mientras se intensificaba la agresión de los japoneses, aumentó la presión popular para que los chinos pusieran fin a las luchas internas y se unieran contra Japón. Sin embargo, Jiang resistió hasta finales de 1936, en que fue secuestrado por uno de sus propios generales.
Durante su periodo de cautiverio en Xi’an fue visitado por el propio dirigente comunista, con quien acordó la adopción de una política común contra Japón. Cuando fue liberado moderó su postura anticomunista y en 1937 se formó un frente unido del Guomindang y los comunistas contra los japoneses.
La Segunda Guerra Mundial
En 1937 Japón y China comenzaron una guerra a gran escala como resultado de una escaramuza en el puente de Marco Polo, cerca de Pekín.

Hacia 1938 Japón controlaba la mayor parte del noreste de China, interior del valle del Yang-tsê hasta Hankou, y la zona alrededor de Cantón en la costa sureste.

El Guomindang cambió su capital y desplazó la mayor parte de su fuerza militar al interior a Chongqing en la provincia suroccidental de Sichuan.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el gobierno del Guomindang en Chonqing sufrió un importante debilitamiento militar y financiero mientras los comunistas, con su cuartel general en Yan’an, expandían de manera significativa sus bases territoriales y sus fuerzas militares gracias al aumento de la militancia en el partido. 
Después de haber sufrido importantes pérdidas humanas y materiales durante la batalla por la China oriental en 1937 y 1938, los mandos del ejército del Guomindang se reabastecieron con reclutas mal entrenados; además, el reequipamiento de estos ejércitos hubo de posponerse hasta 1945, año en que llegaron al gobierno nacionalista los primeros envíos a gran escala de material militar estadounidense.
No sólo estaban muy debilitadas las fuerzas militares del gobierno del Guomindang después de 1938 sino que también la jefatura estaba desgarrada por las múltiples disidencias en su seno. Estos problemas se complicaron con unas condiciones de inflación creciente que comenzó en 1939, cuando el gobierno se desligó de su mayor fuente de ingresos en la China oriental ocupada por los japoneses.
A pesar de la importante ayuda financiera estadounidense, la tendencia inflacionista empeoró con el posterior crecimiento de la corrupción oficial, pérdida de la moral entre las tropas y entre la población civil.
Por otro lado, los comunistas se habían dispersado desde Yan’an, ocupando una gran parte del norte de China y se habían infiltrado en muchas de las regiones rurales por la retaguardia de las líneas japonesas. Allí organizaron hábilmente a los campesinos para que ingresaran en las filas del Partido Comunista y del Ejército Rojo. La unidad y la disciplina organizativa se mantuvieron a través de una fuerte campaña de propaganda ideológica. Las fuerzas soviéticas, que ocuparon Manchuria tras la declaración de guerra a Japón el 8 de agosto de 1945, entregaron a los comunistas gran cantidad de armas capturadas a los japoneses. Como resultado de ello, los comunistas salieron de la Segunda Guerra Mundial con una fuerza más poderosa, disciplinada y equipada que antes.

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