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sábado, 11 de enero de 2014

1998. Histórico: arrestan al dictador Pinochet en Londres

1998. El general retirado del Ejército chileno y senador vitalicio Augusto Pinochet fue detenido por la policía británica en Londres. El arresto del ex dictador chileno obedece a la orden de busca y captura internacionales "con fines de extradición" dictada por el juez español Baltasar Garzón y enviada a Interpol.

Pinochet arrestado en Londres

El general retirado del Ejército chileno y senador vitalicio Augusto Pinochet Ugarte fue detenido el 16 de octubre de 1998 por la policía británica en Londres (Reino Unido). Pinochet, que se encontraba en la London Clinic recuperándose de una operación de hernia de disco a la que fue sometido el 9 de octubre, pudo permanecer hospitalizado, aunque bajo la custodia de los agentes de Scotland Yard.


El arresto del ex dictador chileno obedece a la orden de busca y captura internacionales "con fines de extradición" dictada por el juez español Baltasar Garzón y enviada a Interpol.

El juez Garzón, de la Audiencia Nacional española, sostiene en el auto que ordena la prisión provisional e incondicional de Pinochet por delitos de genocidio y terrorismo que el ex general "desarrolló actividades delictivas en coordinación con las autoridades militares argentinas entre los años 1976 y 1983", cuando era jefe de Estado.


Según Garzón, Pinochet "ordenó la eliminación física de personas, así como torturas, secuestros y la desaparición" de chilenos y ciudadanos de otras nacionalidades, entre ellos varios españoles. El caso judicial español se inicia en julio de 1996, cuando otro juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, que posteriormente se inhibió en favor de su colega, admitió a trámite la denuncia por genocidio y terrorismo internacional contra Augusto Pinochet presentada por familiares de desaparecidos durante el régimen pinochetista.

El gobierno chileno, cuya postura oficial es de rechazo al arresto y en contra de la legislación extraterritorial, formuló una protesta formal ante el Reino Unido por la detención de Pinochet, alegando que como senador vitalicio viajó a este país con pasaporte diplomático, lo que le dotaba de una inmunidad que ha sido violada. El presidente de Chile, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, declaró sentirse indignado por el suceso y reiteró que son los tribunales chilenos, y no otros, los encargados de juzgar las violaciones de los derechos humanos ocurridas en su país. Pese a estas declaraciones, el ex dictador continúa detenido, aunque por menos cargos que los que se imputaba inicialmente. La sociedad chilena ha reaccionado con profunda división ante las medidas tomadas por las autoridades españolas y británicas.

jueves, 19 de septiembre de 2013

1982. La guerra de las Malvinas. Conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña.



1982. La grave crisis económica empujó a la Junta Militar argentina a un conflicto bélico con Gran Bretaña por la recuperación de las Islas Malvinas. El intento de obtener el apoyo de la población tras una sentida reivindicación provocó, tras la derrota, la caída estrepitosa del régimen militar.


Guerra de las Malvinas
La guerra de las Malvinas constituyó el conflicto bélico que enfrentó a Gran Bretaña y a Argentina por la soberanía de las islas Malvinas en 1982.
La guerra de las Malvinas remontaba sus causas a una disputa anglo-española que tuvo lugar en el siglo XVIII por la titularidad de dichas islas, a la que siguió un intento de colonización por parte de Argentina, para hacer constar sus derechos sobre las antiguas posesiones de España. En 1833, Gran Bretaña reafirmó su soberanía y expulsó a la población argentina de las islas.
En 1981, cuando se acercaba el 150 aniversario de esta expulsión, una nueva Junta Militar argentina presidida por Leopoldo Fortunato Galtieri, que obligó a dimitir a Roberto Viola, dio máxima prioridad a la recuperación de las Malvinas.
La Junta Militar instalada en el poder desde el año 1976 estaba viviendo el peor momento económico desde el golpe de estado. La apertura hacia las importaciones había liquidado un tercio del aparato productivo, el salario real se redujo a la mitad, la desocupación empujó a la emigración, e incluso los sectores ganaderos se vieron perjudicados por la transferencia  de recursos hacia el sector financiero. La deuda externa trepó a cuarenta millones de dólares, de los cuales aproximadamente quince millones correspondían a compra de armamento . A partir de 1980, paralelamente a la crisis internacional, se produjo el derrumbe de bancos y sociedades financieras.
El general Leopoldo Galtieri, como comandante en jefe del ejército, había acordado en Estados Unidos la participación de militares argentinos en la intervención estadounidense en Centroamérica. Creyendo que ello le aseguraría el respaldo incondicional del presidente Ronald Reagan, Galtieri resolvió conjurar la crisis interna recuperando las islas Malvinas.
No existían indicios que hicieran pensar que el gobierno británico estuviera especialmente interesado en conservar la colonia: la población no llegaba a los 2.000 habitantes y su crecimiento decrecía poco a poco, al igual que lo hacía la economía local, que dependía de la exportación de lana, y estaba dominada por la Falkland Island Company (FIC, Compañía de las Islas Malvinas). Sin embargo, los isleños se resistían a cualquier tipo de cesión de soberanía a Argentina.
La Junta Militar argentina decidió llevar a cabo una ofensiva diplomática intensiva e inflexible que, en caso necesario, culminaría en una acción militar en otoño de 1982.
El error de Galtieri se puso en evidencia en la votación adversa en el Consejo de Seguridad de la ONU, en la reacción británica y en el apoyo de Reagan a su aliado de la OTAN.
En marzo de 1982, algunos chatarreros argentinos llegaron a Georgia del Sur, isla británica al sureste del archipiélago de las Malvinas.

viernes, 23 de agosto de 2013

LA ERA DE LAS DICTADURAS MILITARES EN AMÉRICA LATINA



La profundización de la crisis económica en Latinoamérica que se venía arrastrando de fines de los años '50, provocó especialmente en el Cono Sur, un viraje en su historia política.
Se iniciaría en la década de los años '70 la era de las dictaduras militares.
 



La instauración de regímenes militares en el Cono Sur, a partir de 1964 determinó una profunda transformación de su historia política. Se puso fin al periodo de movilizaciones sociales que le antecedieron y que significaron un crecimiento inusitado de sectores sociales y populares. Crecimiento que derivó en algunos países como Uruguay y Argentina en movimientos de guerrilla urbana cuyo objetivo era impulsar una revolución social por esa vía.

Estos regímenes, apoyados por las Fuerzas Armadas se caracterizaron por su afán desmovilizador y su represión exacerbada en contra de la disidencia política.
En Argentina, Chile y Uruguay esta represión comenzó inmediatamente a la usurpación violenta del poder y el derrocamiento de los gobiernos constitucionales. Brasil tuvo su represión más cruda al finalizar la década de los años sesenta cuyo objetivo era aplastar los focos guerrilleros que se habían levantado durante los cuatro años anteriores de dictadura. Argentina y Chile fueron los países en los que se vivió la represión clandestina de manera más violenta. En Uruguay la represión se caracterizó por ser más selectiva y dirigirse principalmente a un control de la sociedad civil impidiendo la apertura de canales de participación. Pero fue la dictadura del General Stroessner en Paraguay (1954-1989) el modelo articulador para el resto de las dictaduras latinoamericanas. Éste fue elogiado por sus análogos y por el gobierno norteamericano, al resaltar su capacidad para mantener la "paz social a cualquier costo", en otras palabras, por su eficacia en el control de la subversión.

Pese a esta diferencia en el mayor o menor grado de represión, lo cierto es que todos ellos redundaban en ciertas características comunes: su incapacidad política para dotarse de bases de legitimidad que les permitiera crear una forma de Estado diferente de la democracia política; sus violaciones reiteradas y persistentes a los derechos humanos producto de la implementación de una metodología represiva sistemática y a gran escala. Estas violaciones a los derechos fundamentales teñidas del carácter ideológico que imponía la eliminación de toda disidencia política, y se materializaron a través de diferentes figuras delictivas tales como detenciones ilegales y secuestros, seguidas en la mayoría de las ocasiones de homicidios, asesinatos y desapariciones forzadas, previa tortura de las víctimas, todas ellas propias de las prácticas del terrorismo de Estado. Otra característica común fue una marcada cooperación a nivel internacional en el control y en la eliminación de la disidencia política, cuyo blanco principal era la izquierda política, en especial los Partidos Comunistas y Socialistas, amén de los focos guerrilleros.

Desde el punto de vista económico, los gobiernos militares, asesorados por técnicos de ideas neoliberales, procedieron a cierta apertura de la economía al exterior, procurando atraer al capital extranjero y limitar la intervención del Estado. El deterioro del salario real tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno conservador ya que forzó la entrada masiva de la mujer al mercado del trabajo fuera del hogar, estrategia familiar de sobrevivencia que adoptaron los sectores populares y la clase media.

El escritor y político mexicano Carlos Fuentes en su introducción al Informe de la Comisión Latinoamericana y del Caribe a la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague; 1995) exponía la situación actual de los países retrotayéndose a dicho periodo histórico.
Según Fuentes, tanto los Estados nacionales como los sectores productivos crecieron notablemente a partir de la primera guerra mundial; lo que no creció fue el acceso al crédito, la asistencia técnica, la inversión en capital humano, y medidas compensatorias hacia los sectores de la pobreza extrema y grupos vulnerables.
En estos años, durante la Guerra Fría, las políticas sociales fueron confundidas con las políticas del comunismo soviético, y satanizadas, en consecuencia.
Las sociedades exigían reformas. Los poderes políticos y económicos las obstruían. Las doctrinas de la seguridad continental paralizaron múltiples iniciativas de cambio que buscaban mayor igualdad, mejor distribución, un grado superior de justicia.
Los Estados nacionales de Latinoamérica, agobiados por las demandas insatisfechas de obreros, campesinos, el sector cultural, empresarios, militares y acreedores extranjeros, sucumbieron, en muchos casos, a las dictaduras castrenses, a la necesidad de purgas macroeconómicas en seguida y, finalmente, a la consagración democrática.
En la década de los ochenta, la crisis económica redujo drásticamente el poder adquisitivo, retrajo los salarios reales a los niveles de 1960, aumentó el desempleo, la malnutrición y la mortalidad infantil, disminuyó el gasto y los servicios sociales y, generalizó la pobreza. Para Carlos Fuentes, no fue sólo el efecto de una crisis financiera, sino la consecuencia del aplazamiento de reformas indispensables.
La mayoría de los países latinoamericanos, con una pesada carga de endeudamiento externo, y un contexto internacional diferente, fueron de diversas formas, restaurando sus respectivas democracias.

Las dictaduras latinoamericanas han reducido su alcance en los años recientes. Apenas quedan algunos débiles amagos de reinstalar a los caudillos autoritarios. Lino Oviedo intentó en Paraguay deponer a Juan Carlos Wasmosy y fue rechazado por el pueblo. No le ha quedado sino escoger el camino de las urnas para llegar a la Presidencia.
Sin embargo, hay algunos síntomas débiles de reimponer dictaduras o de resistir a la autoridad civil. El almirante Mauro César Pereira, rechazó el intento del Presidente Fernando Henrique Cardoso de pasar una ley que indemnice a las familias de los desaparecidos durante las dictaduras brasileñas. En los 90 en Honduras hay ruido de sables y amagos de golpe; el ejército ha sacado los tanques a la calle en varias ocasiones. El golpe contra Aristide, en Haití en 1991, fue seguido de su restitución, mediante las bayonetas estadounidenses. En El Salvador se alcanzó la paz en 1992, después de treinta años de guerra contra regímenes militares con fachada civil. En Perú se adivina el puño castrense detrás del impasible Fujimori, pero éste, al menos, retiene el mando visible.

El caso chileno: El gobierno socialista de Salvador Allende y el golpe de estado militar

Con el ingreso a la década del sesenta, los pueblos latinoamericanos fueron conociendo los límites de un modelo de crecimiento y distribución que perdía su dinámica y se manifiestaba incapaz de incorporar a amplios sectores populares. Es entonces, en el marco mundial de la Guerra Fría, en donde se inicia un periodo de confrontación y de luchas sociales y políticas.

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