1996.
Una extraña enfermedad degenerativa del cerebro afecta al ganado vacuno
británico y genera pánico en Europa por el posible contagio al ser humano.
El
nombre científico es encefalopatía espongiforme bovina, pero se le conoció
popularmente como la enfermedad de la vaca loca.
En
1996 la enfermedad se propagó entre el ganado de Gran Bretaña y los temores de
que los consumidores de carne de reses afectadas fueran contagiados por el mal,
provocó una caída abrupta en la caída de las ventas de carne vacuna en Europa.
La
encefalopatía bovina espongiforme es una enfermedad degenerativa del cerebro
que afecta al ganado. Fue identificada por vez primera en el Reino Unido en
noviembre de 1986. Desde entonces se han registrado más de 100.000 casos. Se ha
confirmado la incidencia esporádica de esta dolencia en otros países europeos,
entre los que Suiza (más de 100 casos) e Irlanda (más de 60) ocupan los
primeros lugares en cuanto a animales afectados. También
ha sido detectada en Canadá, en Estados Unidos y en otros grandes países
productores de leche.
Los síntomas incluyen falta de coordinación y un típico
paso errático. Los animales enfermos también muestran signos de senilidad como,
por ejemplo, falta de interés por su entorno, abandono de los hábitos
rutinarios, desinterés por el agua y la comida, y comportamiento impredecible.
El examen post mortem muestra la existencia de orificios en el tejido cerebral que recuerdan la textura de una esponja (espongiforme).
Hace más de un siglo que se
han descrito enfermedades similares en el hombre (enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob), y hace unos 200 años se descubrió en las ovejas.
Las vacas
sensibles al agente de la encefalopatía bovina espongiforme muestran los
síntomas entre los tres y los diez años.
Los científicos aseguran que la
enfermedad no se transmite al hombre a través de la leche o la carne. Sin
embargo, la enfermedad fue oficialmente reconocida por el gobierno británico en
junio de 1988, y se decretó el sacrificio inmediato de los animales sospechosos
de haber contraído la enfermedad y la destrucción de sus restos.
Los
que disentían de la conclusión oficial de que la enfermedad se debía a la
ingesta por parte del ganado de tejido cerebral infectado no han sido capaces
de ofrecer una explicación alternativa tras la reducción en el número de
animales afectados. El diagnóstico del Gobierno británico ha sido refrendado
por el Comité científico veterinario de la Comisión Europea y por el organismo
controlador a nivel mundial, la Fédération Internationale des Epizooties (FNE).
En
1996, los temores acerca del posible contagio a los humanos se confirmaron
cuando el gobierno británico admitió que la enfermedad podía pasar de una
especie a otra, y que durante el año 1995 unas diez personas podían haber sido
víctimas fatales de este fenómeno. Debido a esto, la Unión Europea prohibió la
exportación de ganado bovino británico a todo el mundo, y el Reino Unido, para
erradicar el mal, se vio obligado a sacrificar diez millones de cabezas de
ganado.
Hoy se sabe que la causa de esta enfermedad está en el consumo por parte del ganado de una proteína llamada prión, que provoca que proteínas normales comiencen a tener un funcionamiento anormal.
Una de las hipótesis de la aparición de esta enfermedad está fundada en la alimentación que se le da al ganado vacuno: pienso mezclado con alimentación en base a otros animales (restos de ganado ovino y caprino).
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